Explican que dentro de 25 años dos tercios de los habitantes del planeta Tierra vivirán en zonas urbanas, para entonces, y si no se toman las medidas necesarias, el aire de estos lugares será irrespirable; las cifras son elocuentes: cada 20 minutos desaparece una especie animal o vegetal; cada año se pierden 24.000 millones de toneladas de tierra fértil; el 80% del bosque nativo se ha degradado o talado; informes recientes confirman las inquietantes predicciones, del destacado científico de la Nasa James Hansen:“ tenemos un plazo de 10 años para tomar medidas decisivas sobre el calentamiento y así evitar una catástrofe climática”. Y si a esto le sumamos las consecuencias que padecemos con el fenómeno del niño, el presente y futuro de las nuevas generaciones está en grave riesgo. Por ello debemos tomar medidas frente a lo inesperado; sin embargo es utópico pensar en un cambio radical, cuando en Colombia solo producimos el 0.36% de los gases de efecto invernadero, y cortar con el ritmo de vida de la población, en especial en los países desarrollados suena complicado.
Así las cosas tenemos una enorme responsabilidad con la creación de conciencia frente a lo que ocurre, por ello la sostenibilidad en nuestros proyectos deberá incluir una nueva variable, la adaptación al cambio climático, incluyendo acciones para disminuir las emisiones de GEI. Como colombianos somos vulnerables y no solo pensando en lo que viene ocurriendo en otras poblaciones en el mundo, debemos proponer soluciones ajustadas a nuestra realidad, desde el campo que me concierne como arquitecto apuntándole a un diseño sostenible, pensando en reducir los efectos del cambio climático. En ciudades como la nuestra el agua como fuente de vida debería ser el factor fundamental de protección y análisis, frente a otros problemas, entre menos la consumamos, mejor la reciclemos y la usemos de manera eficiente, menor exigencia para las fuentes. El uso eficaz del agua debe estar acompañada de tres aspectos relevantes: normatividad, infraestructura y cultura. Es hora de trasformar los diseños en realidades que soporten un menor consumo del agua. Sembremos más árboles, uno por cada habitante en Neiva. Recobran importancia los sistemas de climatización natural y la utilización de fuentes de energía renovables como la energía solar, la eólica y la bioenergía entre otras. Se requieren estímulos para quienes promuevan innovación, además de mayor inversión en la investigación. Es tiempo de salvaguardar la biodiversidad, pertenecemos a la naturaleza de ella venimos y hacia ella volvemos; al destruirla nos destruimos a nosotros mismos.
Así las cosas tenemos una enorme responsabilidad con la creación de conciencia frente a lo que ocurre, por ello la sostenibilidad en nuestros proyectos deberá incluir una nueva variable, la adaptación al cambio climático, incluyendo acciones para disminuir las emisiones de GEI. Como colombianos somos vulnerables y no solo pensando en lo que viene ocurriendo en otras poblaciones en el mundo, debemos proponer soluciones ajustadas a nuestra realidad, desde el campo que me concierne como arquitecto apuntándole a un diseño sostenible, pensando en reducir los efectos del cambio climático. En ciudades como la nuestra el agua como fuente de vida debería ser el factor fundamental de protección y análisis, frente a otros problemas, entre menos la consumamos, mejor la reciclemos y la usemos de manera eficiente, menor exigencia para las fuentes. El uso eficaz del agua debe estar acompañada de tres aspectos relevantes: normatividad, infraestructura y cultura. Es hora de trasformar los diseños en realidades que soporten un menor consumo del agua. Sembremos más árboles, uno por cada habitante en Neiva. Recobran importancia los sistemas de climatización natural y la utilización de fuentes de energía renovables como la energía solar, la eólica y la bioenergía entre otras. Se requieren estímulos para quienes promuevan innovación, además de mayor inversión en la investigación. Es tiempo de salvaguardar la biodiversidad, pertenecemos a la naturaleza de ella venimos y hacia ella volvemos; al destruirla nos destruimos a nosotros mismos.
La incertidumbre es parte de la preocupación que nos genera el pronóstico de la comunidad científica con el cambio climático….en el año 2030, las ciudades podrían ser inhabitables por la imposibilidad de respirar en ellas como consecuencia de la contaminación.