La crisis de la Justicia: Sin remedio a la vista

Dominical /

La crisis de la Justicia: Sin remedio a la vista

La crisis de la Justicia: Sin remedio a la vista
titulo noticia
  


La Corte Suprema , Consejo de Estado y la Corte Constitucional se ven salpicadas de corrupción y sobornos mostrando que hasta la sal se corrompe cuando se pierden los principios éticos y morales en un país.

POR: Germán Liévano

Especial DIARIO DEL HUILA

Esta semana en nuestra tertulia  habitual invitamos a 4 distinguidos juristas de la región para analizar en profundo la delicada situación de nuestra justicia que se debate en la más severa crisis de los últimos años. Encabezados por Aníbal Charry, fungieron como panelistas Otoniel Parra, Julio Enrique Ortiz y Hernán Velasco. Se inició la exposición con el análisis histórico de cuándo y cómo se involucró la justicia en este proceso de degradación.

Fue unánime el acuerdo sobre la manera como se inició cuando se le fueron dando propiedades electorales y de nominación a las altas Cortes y simultáneamente el Congreso también se fue comprometiendo en la selección y nominación de magistrados y jueces, dándose un claro contubernio entre dos poderes ,el judicial y el legislativo, que por definición constitucional debían ser independientes el uno del otro para asegurar el debido equilibrio y evitar los excesos , con el agravante de que el poder ejecutivo pasó también a intervenir indebidamente al presionar malévolamente al congreso y a las cortes buscando beneficios como la absolución en el proceso 8.000 o la reelección presidencial.

El proceso constitucional diseñado para investigar y sancionar a los altos funcionarios del país estuvo centrado en una mal llamada Comisión de Acusaciones del Congreso que se calcula tiene más de 1200 procesos archivados inclusive sin tener siquiera la denominación del delito a investigar, constituyéndose así en un vergonzoso monumento a la impunidad .

Los congresistas eligen a sus propios jueces y los jueces se perpetúan y se acorazan con los mandamientos legislativos que les permiten burlar procesos tan escandalosos como el caso de las pensiones, auténtico carrusel de corrupción en el cual los jueces y magistrados burlaron una prohibición que les impedía tener unas increíbles pensiones a costa del erario público. Y peor es cuando el Procurador en vez de impedir que se haga ese raponazo judicial prohija con su visto bueno a los beneméritos pensionados porque eso amplía su base electoral.

Ese contubernio ha desdibujado los elementos reguladores de una democracia republicana como se supone que debiera ser la nuestra, agravándose en grado sumo por la infiltración progresiva de los dineros del narcotráfico y la seductora alianza con los paramilitares que llevó a la cárcel y a los juzgados a la tercera parte de los congresistas elegidos en los últimos años.

Eso ha llevado a que lo más sagrado de nuestras instituciones republicanas como son la Corte Suprema , Consejo de Estado y la Corte Constitucional se vean salpicadas de corrupción y sobornos mostrando que hasta la sal se corrompe cuando se pierden los principios éticos y morales en un país donde hasta las ejecutorias judiciales tienen precio y por supuesto hay quien las compra, quien las negocia y quien se lucra.

Ese desfile vergonzoso de funcionarios de las más altas corporaciones huyendo del país, perseguidos por Interpol, protegiéndose con supuestas ´persecuciones políticas y encontrando eco en comunidades políticas por el aval invisible que genera la confrontación ideológica que supone el proceso de paz, constituyen una afrenta a lo más precioso que puede tener una nación como es el respeto a un marco jurídico que debe ser igual para todos.

Pero es que cuando se creó la Corte Constitucional y las otras altas Cortes se les dio tantos privilegios por su supuesta moralidad y rectitud que a través de sus fueros se acorazaron en forma progresiva alcanzando niveles de impunidad total como la que exhibe el cuestionado Presidente de la Corte, Jorge Pretelt, quien no solamente se niega a renunciar sino que advierte que si él se va el resto debe acompañarlo entendiéndose que lo suyo no es un caso aislado sino la expresión de un festín de impunidad , delitos, sobornos, etc. que haría sonrojar a los más conspicuos habitantes de la antigua prisión de Gorgona. Y cuando les preguntamos a nuestros panelistas cuál debiera ser la salida institucional a este nudo gordiano todos nos expresaron su profundo escepticismo de que una desacreditada Comisión de Acusaciones vaya a rescatar nuestra alicaída justicia.

En general el consenso se dio buscando salidas extraordinarias que soslayen antes que nada la intervención de un congreso que a pesar de estar renovado y contar con excepciones significativas no deja de estar comprometido en ese maridaje escandaloso con el poder judicial cuando no se postra de hinojos ante el ejecutivo en ese círculo que vicia y corrompe del dame y te daré en la política nuestra.

El ejemplo increíble del pasado intento de Reforma Judicial que no hizo sino reforzar los fueros, impedimentos y privilegios de congresistas y jueces y que malogró una necesidad que tenía el país para contar con un marco jurídico adecuado para perfeccionar el proceso de paz.

Lo ideal sería que en la coyuntura actual se lograra un gran acuerdo nacional (ya anticipamos quienes se van a oponer…) para buscar una Asamblea Constitucional que rediseñe no sólo el marco jurídico sino otras instancias de la vida nacional y que sean coincidentes con el proceso de paz. En la reunión igual se planteó la tesis facilista de que un fujimorazo que barra con el Congreso y las Altas Cortes pudiera ser la salida. Increíble tener que admitir estas suposiciones. Buscar un “tirano iluastrado” en un país aún convulsionado por la lucha fratricida de más de 50 años podría ser una salida suicida. Queda abierto el debate

 

Foto 1: La delicada situación de la justicia colombiana se debate en la más severa crisis de los últimos años

Por: Redactor Diario del Huila

Comentarios