Se dice que la liberación de los secuestrados nos acercan a una salida negociada del conflicto armado. Como ciudadanos celebramos la libertad de quienes han sido convertidos en mártires de la democracia. Ello no disminuye la atrocidad haberles arrebatado su libertad y convertido en mercancías para extorsionar al Estado. Un dialogo con las FARC no puede olvidar esto; tampoco los constantes bombardeos a pueblos, desplazamientos y asesinatos de tantos colombianos.
Colombia ha vivido varias negociaciones en los últimos años y tiene lecciones. El perdón y olvido que se le otorgó al M19 tuvo graves efectos sobre la percepción de gravedad que los colombianos le dan al hecho de ejercer violencia. La Constitución de 1991 dio la triste conclusión de que la violencia puede ser un camino hacia la política. Por eso no sorprende que el Ernesto Báez declare que el número de reinsertados dobla el número de militantes de las autodefensas. Muchos se dijeron Paras para recibir el auxilio de 354 mil pesos que ofrecía el gobierno y hacer parte de los programas. Ello es síntoma de pobreza y de que la violencia tiene pocas connotaciones negativas en las psiquis colombianas. Por un salario mínimo somos capaces de hacernos pasar por asesinos, porque ser asesino en este país no es tan malo.
De la zona de distensión en el Caguan aprendimos que las FARC son hipócritas y dobles. Mientras negociaban con el gobierno aprovechaban las ventajas para fortalecer su ejercito, secuestrar y extorsionar. Ello no ha cambiado, mientras distraen al país y a la comunidad internacional en las liberaciones, las FARC mantienen a muchos cautivos y continúan secuestrando, extorsionando, sembrando minas y asesinando.
Las lecciones de la negociación de Justicia y Paz con los Paras son muy poderosas. Los procesos no pueden ser sólo del Estado, pues cuando la sociedad no está lista para afrontarlos es capaz de destruirlos. Pese a que el Estado logró sorpresivamente negociar con un grupo alzado en armas y militarmente victorioso la cesación de la guerra, el sometimiento a la justicia con verdad y reparación; parte de la sociedad estuvo en desacuerdo y consideró que los beneficios obtenidos eran excesivos. La presión de la oposición y la falta de que la sociedad actuara con sincronización le dieron inestabilidad al proceso; el Estado incumplió compromisos, los Paras también. La decisión de la Corte de que las audiencias no fueran trasmitidas por televisión anuló el efecto de las confesiones y dejó uno de los momentos más intensos de la historia actual sin visibilidad pública.
Las creciente tendencia a encuadrar la violencia actual como un fenómeno causado principalmente por las Bacrim puede ser una estrategia para relajar la relación con las FARC y empezar a minimizar ante el país los costos de un dialogo con esos terroristas. Aquello recuerda las experiencias centroamericanas donde luego de los diálogos los actores de la violencia simplemente cambiaron de nombre. Y ya se habla de dialogo con las Bacrim.
Publicidad
Comentarios - Facebook Área
Publicidad
