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Columnistas
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Julio 29 de 2010

Raíces federalistas de nuestras instituciones

Delimiro Moreno

(Bases para una ponencia que será presentada al simposio “Neiva vive su historia. El proceso de la Independencia  en la provincia de Neiva y el surcolombiano”, que patrocinado por la Secretaría de Cultura de la ciudad, celebra hoy y mañana en el Auditorio de Corhuila la Academia Huilense de Historia con la participación de investigadores serios del sur colombiano, en conmemoración del proceso vivido en las colonias hispanas a partir de 1808 ante la invasión de España por Napoleón Bonaparte y el consiguiente derrumbe del imperio borbón):
   
A raíz de la invasión de España por los ejércitos napoleónicos en 1808, una ola de proclamaciones de la reasunción de la soberanía popular,  inclusive con el reconocimiento del derrocado rey Fernando VII, recorrió la mayoría de las colonias españolas en América. De esa ola formó parte  el golpe de Estado que la oligarquía criolla de Santafé de Bogotá dio el viernes 20 de julio de 1810, que el centralismo bogotano ha querido siempre hacer aparecer como si hubiera sido el primigenio y exclusivo “grito de independencia” y como tal lo viene  celebrando. Pero el pronunciamiento de Santafé ni fue el primero ni el más importante de ese proceso. Antes de que este ocurriera, las juntas populares tomaron el poder mediante golpes semejantes, no concertados entre sí, en varias regiones de América (Quito, Caracas, Montevideo, Buenos Aires) y la Nueva Granada. Todas esas juntas proclamaron su sumisión al rey cautivo  Fernando VII, y sólo meses o años después se animaron a declarar su independencia de la Monarquía española, que era, en realidad, su objetivo primario. El 20 de julio de 1810, ni Bogotá ni el resto de las provincias rebeldes que muchísimos años después formarían la actual Colombia –que entonces no existía-, declararon su independencia; Santafé apenas derribó el virrey. Pero, como todos los movimientos similares anteriores y posteriores al 20 de julio, entre ellos el desarrollado en Neiva el siguiente 27, fue el comienzo del proceso final de independencia que sólo culminará para el centro de Nueva Granada –no para su periferia- el 7 de agosto de 1819 con la victoria de Boyacá.

En lo que sería Colombia, Camilo Torres quiso federar (es decir, unir lo que estaba separado) todas esas regiones que habían proclamado autónomamente su independencia de España y propuso la creación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, a la cual no quiso adherir Santafé de Bogotá liderada por Antonio Nariño, quien pretendía convertir su ciudad en la capital dominante del nuevo estado que estaba en formación. Esto provocó la primera guerra civil entre centralistas y federalistas e impidió de tal manera la unidad de las provincias que facilitó la Reconquista española en 1816. La ferocidad de las fuerzas de Morillo llenó de mártires todas las regiones y las convenció  de la necesidad de unirse, bajo el liderazgo del ejército multinacional de Bolívar, para sacudirse del sangriento régimen  imperial. Pero la frágil unidad basada en el centralismo que se llamó ilusamente “Colombia” se rompió primero en tres repúblicas: Quito, Venezuela y Nueva Granada, y luego esta en 9 estados federales que formaron los Estados Unidos de Colombia, fruto de la revolución radical de 1859-1862, más acorde con la realidad política de entonces y las raíces federalistas de nuestras instituciones, nunca rotas a pesar de los intentos centralistas de la contrarrevolución conservadora de 1886. 

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