Graves fallas se constatan en directivos y miembros de la Iglesia Católica, y hay quienes se complacen en destacarlas y hasta abultarlas, pero también son muchas, pero muchas, las obras positivas en esta comunidad que han comprendido el testimonio y llamado de Jesús de Nazareth de obrar el bien sin intermisión. Afortunadamente, ante paradigmas notorios del bien, aún enemigos de la Iglesia sienten el deber de reconocer el mérito palpable de algunos miembros de ella, como ha sido el caso del Obispo de Cúcuta, Mons. Jaime Prieto, que acabá de entregar su alma y su obra tan positiva al Hacedor divino.
Nacido en 1941, ordenado Sacerdote en 1965 para la Diócesis de Facatativa, después de eficiente labor apostólica en su Diócesis es enviado como Obispo a Barrancabermeja en 1993, traslado luego a Cúcuta en 2008. Hombre de recia formación espiritual e intelectual, supo afrontar con denodado empeño su misión pastoral con marcado acento en la respuesta cristiana a la problemática social a escala local y nacional, y como colaborador en la tarea de la búsqueda de la paz.
Pero vale la pena destacar que estos ejemplos de sensibilidad hacia los pobres no son ni aislados, ni pocos. Está el mismo Jesús que con su mensaje de amor a todos los humanos, y quien hizo portentos por “compasión de las gentes” famélicas que los seguían (Mt. 15,32). En pos de ese Maestro de la Palabra y del testimonio, están sus primeros discípulos que sintieron la necesidad de establecer la Orden Sagrada, de los Diáconos, a favor de los mas necesitados (Hech. 6,1-6), de los cuales, en Roma, viene a destacarse San Lorenzo, quien a mitad del Siglo III (258) fue quemado en una parrilla por el delito de haberle presentado al magnate Valerio los pobres, por los que trabajaba, como “los tesoros de la Iglesia”.
Qué bueno recordar con gratitud a esos centenares de apóstoles de los pobres miembros de la Iglesia Católica. San Francisco de Asís llamó a la pobreza su “hermana”, y nunca fue indiferente hacia los más necesitados; San Luis Gonzaga y San Juan María Vianney, dechados de castidad y de piedad, dedicaron buena parte de su tiempo al servicio de pobres y enfermos; San Vicente de Paúl, San Camilo, San Pedro Claver y la Madre Teresa, fueron vidas consumidas en la atención a los más sufridos; grandes maestros del mensaje social cristiano han sido los Papas que han enseñado, en todo los tonos, el deber de compartir los bienes, pues sobre los que se poseen hay una “hipoteca social” a favor de los privados de ellos.
En Colombia son recordados como símbolos del servicio a los pobres personas como un Padre Almanza en Bogotá, asi como Obispos y Sacerdotes desvelados por esta causa como el Padre Rafael Garcíaherreros, con su formidable obra del Minuto de Dios dadora de techo a los desamparados. Hay algunos casos desedificantes en la Iglesia, pero es infinito el número de auténticos testimonios de bien.
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