Jueves, 9 de Febrero de 2012

 

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Columnistas |
Septiembre 4 de 2010

La estrella negra

Fernando Calderón España

La I es la estrella. Siempre pensé que la única vocal del idioma castellano vinculada con el éxito era la E. La de entretenimiento. La que vive en los oscuros rincones en donde roncan hoy las moviolas, esas horribles máquinas que producían cine  y arrumes de diversión o aburrimiento. Pero no. Poco a poco, la I le ha ido quitando el lugar preferencial a la E y se ha convertido en una lúgubre, fúnebre, macabra y sombría vocal. Es la I, con la que a diario y desde siempre, se escribe una palabra igualmente lúgubre, fúnebre, macabra y sombría: irresponsabilidad.
La irresponsabilidad está acabando con todo. Le puso fin a una vida, la de una mujer que insospechadamente arreglaba un problema simple de tránsito; otra está en los umbrales del más allá, la de un joven que caminaba por el sector; y la propia vida del enajenado conductor, un abogado embriagado por su relativo éxito, que produjo el accidente y que estará, probablemente, confinado durante unos años, en las frías celdas bogotanas.

Es la misma irresponsabilidad con la que un congresista nos dejó verdes al proponer que los adolescentes a partir de los dieciséis años sean, a la fuerza, mayores de edad. Qué bueno que el creativo y proponente ex-gobernador de Boyacá, le de un repaso a la definición de adolescencia. Según los expertos, la adolescencia es una etapa entre la niñez y la edad adulta que se inicia en los cambios puberales y se caracteriza por profundas transformaciones biológicas, psicológicas y sociales, muchas de ellas generadoras de crisis, conflictos y contradicciones. Quienes elegirían, en el futuro, a los congresistas, de aprobarse el proyecto, lo harían en medio de sus crisis, conflictos y contradicciones. Como quien dice, en río revuelto, ganancia de pescadores.
La irresponsabilidad con la que se despilfarró y dilapidó el dinero que llegó a los municipios por cuenta de las regalías, puso al gobierno a revisar el concepto y a presentar un proyecto de acto legislativo que reestructurará la entrega de los recursos que será, de acuerdo con la idea, más equitativa y justa. Y puso, también, a los afectados derrochadores y malgastadores, a "gritar al cielo", porque la torta de la contraprestación económica de propiedad del Estado que se causa por la explotación de los recursos naturales no renovables, será partida en mil noventa y nueve pedazos. 
Otros irresponsables: los miles de padres colombianos que orgullosamente y con cinismo, muestran su camada de cinco, seis y hasta siete hijos, sostenidos solo por el líquido espeso y pegajoso que expele sus bocas y por el sudor del salario mínimo.
Las irresponsabilidades llegan a tal extremo, que los colombianos seguimos soportando alegremente, ("vaya feliz", dice una campaña publicitaria), las largas horas de viaje por nuestras trochas asfaltadas, gracias a la meticulosa y perfeccionada manera de construir obras en el país, que las demoran y las convierten en inconclusas birrias y en portentosas ubres.
El lunes pasado, Portafolio dijo que el contador y los revisores fiscales le informaron a la junta directiva de la concesión, que hallaron una diferencia de 215.000 millones de pesos entre las facturas presentadas por cuatro contratistas y las actas de obra que certifican los trabajos efectivamente ejecutados. 

Irresponsables, algunos programas mañaneros, que poco a poco fueron mutando (los mutantes están de moda) y se convirtieron en monstruos del espectro, que despiden por sus fauces las más inauditas y ofensivas expresiones que denigran de un pueblo que otrora fue bien hablado. El maldito libre desarrollo de la personalidad, se apoderó de la senectud empresarial que deja y de la púber que hace. El “dejad hacer, dejad pasar”.  Apoyo a Florence Thomas. Ya no informan ni forman. Por estar más cerca del lenguaje de la calle, se identificaron tanto con ella, que se quedaron, habitando sus más dolosos cuchitriles. Se fijan, la I es la estrella, pero negra.
 

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