Llama la atención que la diferencia de precio entre una tableta de Cipro de 500 mg (marca comercial original del antibiótico ciprofloxacina) y una genérica del mismo antibiótico sea mayor de 115.000 pesos, pues 6 tabletas de esta última (la genérica) cuestan solo 2.500 pesos en cualquier droguería, mientras que la comercial de Bayer (laboratorio que registró la molécula inicial) supera los 118.000 pesos por las mismas 6 tabletas. Un medicamento genérico es definido por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como el medicamento que es registrado una vez vencida la patente del innovador, a demás de haber demostrado bioequivalencia, es decir, los genéricos tienen que haber demostrado la misma eficacia cuando se comparan con el medicamento original de referencia antes de ser vendidos al público. Por norma, un medicamento genérico debe tener una presentación diferente al comercial, su color y a veces el tamaño resultan diferentes, por lo demás, el contenido en esencia debe ser el que indica la caja. Vale la pena reconocer que el trabajo de desarrollar nuevos medicamentos y los costos del proceso de investigación de moléculas originales son asumidos por el laboratorio que lo descubre, lo cual le daría el derecho a recibir retribución económica por su actividad, este hecho permite estimular la investigación de nuevas moléculas en la búsqueda interminable del mejor de todos, el que demuestre eficacia comprobada y ninguno o pocos efectos adversos.
En este aspecto la discusión es candente a nivel mundial, como en el caso de los medicamentos para enfermedades catastróficas como el cáncer o el SIDA, debido a que el precio de los últimos medicamentos desarrollados para el manejo de estas enfermedades es casi imposible de costear por los países pobres como el nuestro y la salud finalmente es un derecho de todos, el cual va más allá del aspecto mercantil, hecho que llamaría a la reflexión a la hora de ponerle el precio final de venta por parte de los laboratorios.
En Colombia, el INVIMA es el encargado de vigilar que los medicamentos distribuidos cumplan con las normas técnicas de calidad, hecho que debería garantizar al consumidor, en este caso el paciente, independientemente si se trata de uno comercial o genérico. Desafortunadamente los controles y estudios de bioequivalencia responsables son mínimos, dejando la sensación de que los genéricos no tienen en realidad lo que dicen contener, hecho que puede ser realidad en la práctica médica, generando más costos al sistema de salud y un efecto nocivo para el paciente al no obtenerse el resultado esperado con el tratamiento. El Plan Obligatorio de Salud obliga a la formulación de genéricos en Colombia, al igual que en muchos otros países, la tarea es garantizar la calidad de los mismos, en teoría deberían tener el mismo efecto. Por el momento me queda la duda si el de 2500 pesos tendrá el mismo efecto del que cuesta 47 veces más. Ojalá y así sea.
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