Jueves, 9 de Febrero de 2012

 

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Septiembre 5 de 2010

Con principios innatos de servicio

Astrid Puentes - Diario del Huila

El Presidente de la Cruz Roja Huila es un hombre lleno de fortaleza, con ganas de seguir luchando día a día al servicio de la personas.

Un caballero en todo el sentido de la palabra, así es Roberto Liévano Perdomo, voluntario socorrista y presidente hace 36 años de la Cruz Roja Colombiana seccional Huila.

Médico de profesión con especialidad en gastroenterología; nació en Neiva el 16 de noviembre de 1927 cerca a la plazoleta de San Pedro, parte del centro de la ciudad para la época.

Hijo de Arturo Liévano Perdomo quien era contador público y Lola Perdomo de Liévano, reconocida educadora que con su trabajo ayuda en la economía del hogar y con su endereza formó a cinco grandes profesionales.

Nuestro invitado del día de hoy es un enamorado de la vida, de su trabajo, del servicio a la comunidad, pero sobre todo de su familia y su esposa Gloria Cucalón García con quien tuvo cuatro hijos y próximamente cumplirá 60 años de casado.

Con su primer equino llamado ‘Bambuco’ participó en las primeras cabalgatas de San Pedro, es así como guarda muchas historias de fiestas de esa época que hoy en día disfrutan escuchando sus hijos, nietos y amigos.

¿Qué recuerda de su infancia?
Recuerdo mucho que en el colegio me enseñaban inglés y francés, entonces mi mamá me dijo que les enseñara ese idioma a los niños de una escuela que tenía en la casa. De ese trabajo de mi madre, nosotros vivimos porque no éramos una familia adinerada, ni nada de eso.  

¿Cómo fue ese crecimiento familiar?
Éramos una familia sencilla, llena de valores y con eso crecimos con mis cuatro hermanos.

¿Quiénes son sus hermanos?
Alberto fue el mayor no estudió medicina, por educarnos a nosotros y ayudarle a mamá; él falleció hace un mes; sigue mi hermano Hernando quien es urólogo; Ricardo es ginecólogo y yo gastroenterólogo. Mi hermana Cecilia murió hace muchos años en un accidente de tránsito con su esposo.

¿En qué año se casó?
En abril de 1952 me casé con una mujer excepcional, que marcó mi vida; encontrarla llena de virtudes y valores, por eso dure con ella 8 años de noviazgo, toda la época de mi universidad y unos años después de haber terminado nos casamos. Eso es amor.

¿A qué se dedica ella?
Ella vive ahora en Bogotá porque tiene nueve nietos allá, un bisnieto, las tres hijas y tres  yernos; y acá en Neiva no hay sino una hija con su familia, ella es muy pegada a ellos, claro que es muy pegada a mí también, pero resulta que mi esposa cuando nos fuimos de embajadores para Bolivia a ella le vino muy bien el clima, cuando regresamos a Neiva se le presentó una alergia con el calor, entonces por eso tiene que vivir en Bogotá.

¿Cuáles fueron sus pasiones en la juventud?
Durante mi juventud quise descansar en el campo y me compré una finca al lado de la Ulloa, que se llamó Lisboa; le puse todo mi empeño, toda mi voluntad, mi constancia y mis ahorros, para hacer de ella una finca experimental en ganadería y lo conseguí pues me calificaron la finca como una de las mejores del país en esa época.

¿Pero sí sacaba tiempo para las fiestas o poco salía?
Yo fui muy fiestero, cantante, bailador; me gustaba mucho la música española y sobre todo entonar: 'El Sombrero Cordobés'. Yo a todas las reuniones y congresos de Medicina que iba, me ponían en la tarima; ya todos sabían que me gustaba cantar  y me animaban.

¿En qué año terminó la carrera de Medicina?
En 1953 me gradué con la segunda tesis de grado que se hizo en el país, sobre ultrasonoterapia en Medicina general y me la declararon ‘meritoria’; no me la laurearon porque yo no presenté sino 25 casos y para laurearla por lo menos se necesitaban 50.

Después de graduarse en Bogotá, ¿cuándo regresó a Neiva?
En noviembre de 1949 el doctor Carlos Durán me solicitó viajar a Neiva al Hospital San Miguel (ubicado donde queda ahora Los Comuneros), para estrenar una máquina Mackesson para anestesia general con gases, por primera vez en la ciudad.

¿Cómo consiguió que fuera usted el escogido para utilizar esta máquina?
Pues yo había realizado un curso de anestesia general con el doctor Juan Marín en Bogotá. En el Hospital San Miguel la anestesia era con cloroformo, éter y mezcla de slight, o sea garrote, porque eso era a oler hasta que quedara todo tieso el paciente; eran líquidos muy tóxicos con riesgo de paro cardíaco, no había oxigeno ni nada, sin alternativa distinta para la reanimación cardíaca.   

¿Lo pensó mucho para regresar a tomar este reto?
No, yo era un profesional y estaba consciente de la responsabilidad de mi carrera, además me mandaron pasaje de avión y yo estaba todo emocionado porque era la primera vez  que iba a montar en avión.
    
¿Qué experiencias recuerda de esos primeros años, como profesional?
Para mí en el Huila, pasaron muchas cosas interesantes pues practicamos las primeras grandes operaciones programadas y de urgencia en pulmón, corazón, esófago, hígado, cerebro, entre otras, sin tener la disponibilidad de desfibriladores, ni sala de cuidados intensivos; nuestros pacientes se recuperaban en pequeñas habitaciones individuales o en salones comunales sin acompañantes, ni teléfono.

¿Alguna cirugía que recuerde que fue complicada?
En 1955 yo estaba operando un paciente y se me murió en la sala de cirugía, inmediatamente le hice masaje cardiaco y lo saqué. Otro también herido con arma blanca, estábamos operándolo cuando dice el anestesiólogo se nos murió, entonces yo cogí el bisturí le abrí el tórax y metí la mano sin guante porque la situación era apremiante le cogí el corazón y comencé a hacerle masaje y al minuto volvió.

¿Cuánto tiempo permaneció en el Hospital de Neiva?
Me retiré del Hospital para poder ser concejal y cuando me eligieron de todos mis compañeros concejales que tenía, yo había operado a 12 de ellos y me nombraron presidente. Para el año de 1978 fui Senador y miembro del parlamento andino. De 1979 a 1980 Viceministro y Ministro de Salud.

¿Qué tal fue esa experiencia?
Fue muy gratificante; dentro de mis funciones le adjudiqué siete ambulancias a los municipios de Neiva que no contaban con ellas. La Plata, Colombia, Baraya, Aipe, Campoalegre, Algeciras y San José de Isnos.

¿Cuándo llegó a la Cruz Roja Colombiana?
Fui fundador en el año de 1972 de esta hermosa institución en el Huila. Algo muy curioso es que a nivel internacional, nacional y regional, es que las tres se inauguraron en el mismo mes de junio.

¿Qué ha sido lo más gratificante de hacer parte de una organización tan importante como esta?
Todo; más que las condecoraciones que me han dado por el servicio al mérito o labor humanitaria, es el orgullo de servir a los que lo necesitan, ver la cara de alegría de las personas que saben que pueden contar con nuestros servicios.

¿Qué tiene para resaltar la Cruz Roja Huila?
Acá hay servicio de hemodiálisis, porque siendo presidente de la Cruz Roja me fui a pasar por la Unidad Renal en Bogotá, y encontré que el 30 por ciento de los pacientes eran del Huila, hablé con algunos de ellos me contaron todo lo que tenían que hacer para llegar hasta allá y me pareció muy injusto.

¿Qué le contaron?
Que viajaban en la noche para llegar en horas de la mañana a la capital en esa época, que estamos hablando de hace como 15 años; la duración del viaje era como de 10 horas y que se regresaban a la casa cuando se acaba el hemodiálisis; y así cada día de por medio, tres días a la semana. Se gestionó y se pudo conseguir la Unidad Renal para el Huila de parte de la Cruz Roja Colombiana y hoy en día hay como cinco lugares más acá en la ciudad, pero nosotros fuimos los primeros.

¿Sabemos que en los próximos días recibirá una distinción honorífica?
Así es, este 18 de noviembre va a ver la sesión solemne de la Academia de Medicina para establecer y entregarme la distinción como miembro de número de la Academia Nacional de Medicina. Yo soy miembro correspondiente, pero el miembro de número es  mucho más importante porque tan sólo hay cupo para 25 en Colombia.

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