Jueves, 9 de Febrero de 2012

 

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Columnistas |
Septiembre 6 de 2010

Cómo afrontar la bonanza petrolera

Carlos Yepes A.

El Gobierno Nacional tiene un inmenso reto ante una evidente bonanza petrolera. Según datos recientes de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, en los próximos 18 meses, Colombia alcanzará una cifra histórica en la producción de petróleo: entre un millón y un millón 200 mil barriles diarios, lo que se puede considerar una nueva bonanza, teniendo en cuenta que el último gran momento del petróleo se dio en 1999, con un record de 850.000 barriles día.

Las bonanzas siempre se han convertido en un asunto de Estado. Para bien o para mal, las bonanzas como las cafeteras, han dejado grandes enseñanzas al país.

Hay sin embargo casos ejemplarizantes, como el de Venezuela, que en el año 2013 cumplirá cien años de una era petrolera que partió la historia de sus ciudadanos en dos. Comenzó cuando la compañía Shell hizo las primeras exploraciones de crudo y un siglo después, la opinión pública se pregunta ¿por qué algunos países tan ricos, al mismo tiempo padecen tanta desigualdad?.

The Economist, en su edición de mayo del 2010, señala que la actual recesión económica de Venezuela es principalmente resultado de años de una mala administración del gobierno, y que el problema se origina en PDVSA, la compañía petrolera nacional, cuyo presupuesto no solo se usa para otros propósitos tales como proyectos sociales, sino que se han fijado subsidiarias para producir, importar y distribuir comida.

Ante estos ejemplos le corresponde al Presidente Santos minimizar la posibilidad de que la expresión “Enfermedad Holandesa”, que se ha extendido a lo largo del mundo como un símbolo de la dependencia excesiva de un recurso natural, se pueda presentar en nuestro país.

Parte de este fenómeno consiste en que, si aparece una actividad rentable y se pagan buenos salarios por ella, otras labores económicas se vuelven menos competitivas ante industrias como la del petróleo, haciendo que cuando los recursos naturales se acaben los países terminen más pobres que antes.

Por eso, expertos coinciden en que los ingresos provenientes de un “boom petrolero” deben invertirse para elevar la productividad del país, cuyas prioridades en este momento son de educación, ciencia y tecnología, infraestructura y vías, de tal forma que no se cometa el error de gastar esos dineros en consumo.

Por otra parte, la revaluación se puede evitar haciendo que los dólares entren a la economía de dos formas. Primero, cuando el gobierno usa parte de los recursos de la bonanza en pagar deuda externa. Segundo, creando un fondo de ahorro en dólares en el exterior.

A parte de estas recomendaciones, tenemos ejemplos exitosos en el mundo que se han caracterizado por que el uso de sus recursos dependa de la capacidad de ejecutar bien, determinados proyectos, sin arriesgarse a que otras actividades importantes desaparezcan, de tal forma que al mermar el auge de turno, la riqueza natural, en este caso el petróleo, haya potenciado otros factores de la economía local.

Para el Huila, la bonanza adquiere dimensiones preocupantes y debemos cuestionarnos acerca de si el manejo de los recursos de regalías han cumplido un propósito: el de afianzar suficientemente la economía regional. De haberlo logrado podría hoy afrontar sin mayor preocupación la realidad de un evidente agotamiento del recurso natural en nuestros suelos o de una posible redistribución de los dineros que se reciben por regalías.

cyepes@hotmail.com
 

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