Los puentes peatonales que se han construido en Neiva, se erigen como monumentos al desperdicio, la desidia y el abandono. Se hicieron dizque para solucionar problemas de movilidad, y se han convertido en un verdadero estorbo, en guarida de vagos y ladrones que los usan para atracar, consumir droga y hacer sus necesidades.
Entre el puente peatonal de la Universidad Surcolombiana, el de la Avenida Pastrana cerca al colegio técnico, los de la avenida La Toma y el de la carrera 26, frente al éxito, se invirtieron más de 4 mil millones de pesos. Esa plata permanece ahí enterrada, desperdiciada, botada, despilfarrada, porque en definitiva estos pasos peatonales no los usa nadie, no le interesan a nadie y no están solucionando ningún problema, por el contrario, son un gran problema.
Conversé con varios estudiantes de la Universidad Surcolombiana que a las siete de la mañana arriesgaban su vida, haciéndole quite a centenares de vehículos, para cruzar la calle y llegar hasta la sede de esta casa de estudios. Me dijeron que preferían arriesgar, lanzándose a la avenida porque usar el peatonal es más peligroso. En efecto, el puente es un muladar, allí los indigentes y los borrachos hacen sus necesidades a toda hora y algunas parejas que no alcanzan a llegar al motel o no tienen cómo pagar, lo usan en las noches como nido transitorio de amor. Adicionalmente atracadores, permanecen en el lugar al asecho, y cuando a alguien se le ocurre usarlo, lo siguen y antes de bajar o subir las gradas lo interceptan, sin que nadie diga nada, ni nadie haga nada
Por todas estas razones, ese puente que fue anunciado por el rector de la época Ricardo Mosquera Mesa, como la gran solución, hoy se suma a la cantidad de dificultades de inseguridad y demás que padece la universidad. Lo mismo ocurre con el peatonal de la avenida Pastrana, cerca al colegio técnico de Neiva, usado por muy pocos peatones que son temerosos de ser atracados, o sencillamente no saben que esa estructura sirve para atravesar la calle, libre de riesgos. Ni siquiera algunos estudiantes de los colegios vecinos están enterados de la gran utilidad que este puente les puede representar con un uso adecuado. Allí también pregunté a varios transeúntes que preferían atravesar la calle, desafiando el peligro, y me respondieron que llevaban afán, que no sabían que era para pasar, o cualquier otra excusa, pero siempre ajenos a la importancia, como solución para una adecuada movilidad peatonal.
Como todas las obras que se construyen en Neiva, estos puentes peatonales son testimonio de que nada se planifica y para ninguna inversión se cuenta con lo que quiere la gente, o lo que realmente se necesita, el afán de hacer inversiones para adjudicar contratos y quedarle bien a los amigos está por encima de las verdaderas necesidades que tiene la ciudad. Es exactamente lo que ha pasado básicamente con los puentes peatonales de la Surcolombiana, la avenida 26 y el del Éxito que se construyeron sin ningún tipo de planificación, ni tampoco se socializó su uso con los peatones. La gente no sabe, ni tampoco nadie le ha enseñado la importancia de recurrir a estas soluciones de seguridad peatonal, se construyeron y se dejaron ahí sin desarrollar un plan instructivo en forma masiva, de manera que la gente aprendiera que de su adecuada utilización, también depende el orden del tránsito y todas sus bondades, porque estas obras son importantes, pero si se les da buen uso, y eso sólo se logra si las autoridades lideran procesos como les corresponde, a través de los cuales se oriente a los usuarios sobre la trascendencia y utilidad de las mismas, pero queda claro, que en Neiva, sus habitantes no saben hacer uso de puentes peatonales, porque quienes decidieron construirlos, no pensaron más allá del beneficio del contrato de la obra y nada más.
Enrique Peñalosa, el ex alcalde de Bogotá, ha dicho muy claro “que una obra por importante que sea, sino se socializa su uso y su conveniencia antes y después de construirse, es simplemente botar la plata, y que una obra bien hecha, es aquella que tiene garantizado el uso eficaz por parte de la comunidad, de lo contrario es mejor no hacerla”. Este principio es utópico e improcedente en el Huila, donde el gobernador y los alcaldes deciden, en la mayoría de casos, según la incumbencia personal, qué obras se deben hacer durante sus períodos, ¿o hay alguna obra que se haya proyectado o se esté ejecutando en la región, que haya sido consultada con la comunidad que es la que pone la plata a través de los impuestos, y es quien la debe disfrutar? Que me la muestren, aquí todas las obras se proyectan y se hacen a puerta cerrada, la comunidad se entera cuando ya se ha terminado y los amigos de los dueños del poder se han beneficiado de los contratos. Por eso es que inversiones como las que se han hecho en los puentes peatonales de Neiva, siguen como monumentos a la desidia.
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