Jueves, 9 de Febrero de 2012

 

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Editorial |
Septiembre 6 de 2010

Ituango y El Quimbo

Mientras el 11 de agosto pasado los paisas se vanagloriaban, por el acuerdo que viabiliza el proyecto Ituango en Antioquia, en el Huila este viernes nos enterábamos extraoficialmente de la sentencia del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, que aparentemente deja sin piso la conciliación prejudicial firmada entre Emgesa y el Ministerio de Ambiente, que ajustaba las compensaciones económicas que la multinacional deberá pagar para construir la hidroeléctrica El Quimbo.

Como la sentencia no se conoce en su contenido, sólo podemos suponer que dejaría en firme todas las compensaciones pactadas en la mesa de concertación, más las adicionalmente requeridas por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Social, frente a las cuales la multinacional ha expresado su desacuerdo por considerar que hacen inviable la construcción del proyecto, lo cual resulta lógico ya que ‘nadie hace pan para vender pan’.
Es decir, mientras los antioqueños festejan que la Gobernación de ese departamento y las Empresas Públicas de Medellín (EPM) se pongan de acuerdo para hacer realidad Hidroituango, el más grande proyecto de infraestructura de la historia de esa región por valor de 3.000 millones de dólares y debe generar aproximadamente el 20 por ciento de la energía que el país necesita, en el Huila algunos sectores celebraban y se vanagloriaban porque aquí se pone a tambalear la construcción de un proyecto de 700 millones de dólares que debe abastecer el 5% de la demanda de electricidad de nuestro país, convirtiendo al Huila en uno de los principales generadores de energía eléctrica en Colombia.

Aplaudían porque el proyecto, que puede generar por concepto de trasferencias de Ley 99 más de $140 mil millones y en su mejor momento, más de 3.000 empleos, se está viendo afectado en forma grave.

Qué contradicción, en Antioquia celebran el llegar a acuerdos que impulsan el desarrollo de su región, mientras en nuestro departamento, algunos lo hacen porque pudieron tumbarlos y afectar la construcción de un proyecto que beneficia el desarrollo económico del departamento. ¿Por qué aplauden y celebran que una conciliación se dañe, si esto trae la eventual pérdida del proyecto? Nadie entiende esto, excepto que el triunfo se esté celebrando desde la óptica política. De ser así, si los objetivos de tanta traba y crítica son políticos, y por ende esperan que deje réditos electorales, el asunto sería más lamentable y dejaría sin piso tanto argumento ambientalista y social.

Los huilenses debemos revisar lo que está pasando con el proyecto El Quimbo en nuestro departamento, y compararlo con el de Ituango en Antioquia, tal vez de esa forma dejemos de poner trabas a una proyecto que debe traer desarrollo, riqueza y progreso para nuestra región. Una cosa es buscar compensaciones ambiéntales en un proyecto hidroeléctrico y otra bien distinta es plantear exigencias exageradas, que lo hagan inviable, y que se conviertan en ‘el palo en la rueda’ al momento de concretar una idea que, pidiendo las reparaciones justas, es importante para nuestro desarrollo.

Esperemos a ver lo que pasa. Ojalá se pueda, para tranquilidad de propietarios de tierras y empresarios en general, encontrar las alternativas y salidas que permitan salvar el proyecto El Quimbo, beneficiando obviamente a nuestras comunidades y medio ambiente.

Ojalá al final podamos celebrar, como los antioqueños celebran por Ituango, el haber sacado adelante El Quimbo, en vez de tener que decirle a nuestras futuras generaciones que no fuimos capaces de llegar a acuerdos y hundimos un proyecto de semejante magnitud.

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