De elecciones y corrupción

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De elecciones y corrupción

  


Julio César Triana

En mi anterior columna me referí al ingreso al año electoral y la oportunidad que tienen los aspirantes a presentar de una vez por todas su aspiración, para que los electores empiecen a conocer sus propuestas e iniciativas para captar adeptos.

Pero también se ha puesto de moda en éstos días hablar de la financiación de las campañas y de la posibilidad que terceros o particulares hagan aportes, circunstancia que se ha visto últimamente enlodada por la participación de la multinacional ODEBRECHT en la financiación de campañas Presidenciales, lo que ha cuestionado la legitimidad de las campañas y del mismo Gobierno.

Es un tema complejo. No está bien que quienes siendo particulares se han visto envueltos en escándalos de corrupción aceptada, sean precisamente quienes resulten aportantes de las campañas de los Gobiernos en cuyo ejercicio resultan siendo adjudicatarios de contratos. Pero el tema no es de poco calado. Es realmente difícil prohibir el aporte de particulares a campañas políticas con el solo argumento de evitar futuros favorecimientos contractuales.

Por otro lado, resulta más problemático que se prohíba el aporte de particulares campañas aún cuando los sistemas de contratación en nuestro país tiene una regla general de concurrencia plural de oferentes, lo que en teoría sería una salvaguarda para esos procesos de selección.

Creo que cada vez cobra aún más vigor la iniciativa de financiación oficial de las campañas políticas para evitar no solo esas contradicciones sino también las suspicacias que genera éste tipo de actos que en últimas terminan dando la razón a quienes sostienen que quienes como particulares hacen aportes, tienen un propósito más lejano que el de solo participar en el proceso electoral.

Como lo he manifestado en oportunidades anteriores, el remedio está en el elector, es su análisis de las iniciativas, en el estudio del candidato, en la renovación de la política, circunstancia que sin duda, es el antídoto de tanta situación irregular que como la que hoy se ve, ocurre precisamente ad portas del inicio de un proceso electoral.

Eso ocurre acá y en todo el mundo, pero la solución sigue estando en manos del elector, ese del que necesitan unos y otros para que determinen los destinos de un país. Sólo el voto castigo logrará evitar ese venenoso contubernio.

Por: Julio Cesar Triana Quintero