martes, 27 de junio de 2017
OPINIÓN/ 2017-06-18 10:02

El pan de Cristo para vivir como hermanos

Toño Parra Segura

Escrito por: Erick Rojas | junio 18 de 2017

La festividad del Corpus Christi que hoy congrega a todos los católicos es una de las conmemoraciones más antiguas y tradicionales de la Iglesia.

Su origen lo recuerda San Pablo en la Carta a los Corintios “Como acción de gracias que nos une a todos”. El misterio del pan es hoy el centro de las lecturas y se celebró por primera vez en Lieja en 1247;  el Papa Urbano IV extendió esta fiesta a toda la Iglesia.

El Papa Juan Pablo II en su Instrucción sobre el Sacramento de la Redención  hace referencia a las leyes litúrgicas que se deben observar a cerca de la Sagrada Eucaristía.

En el capítulo 2 No.36 el santo Padre coloca la celebración de la Misa como “acción de Cristo y de la Iglesia y como centro de toda la vida cristiana”. Aunque la Instrucción se refiere en su totalidad a leyes y a ritos que hay  que observar rigurosamente y a los abusos que hay que evitar, hay muchos documentos de la Iglesia en especial del Concilio que nos dan en abundancia la información sobre este Sacramento de fe que es nuestra diaria Eucaristía.

Jesús en sus auto-definiciones dice: “Yo soy el pan de vida bajado del cielo” y establece la diferencia con el antiguo maná que sirvió de símbolo, pero que Él cambió en el verdadero pan de vida.

Este aspecto nos interesa a todos, porque podríamos celebrar técnicamente el sacrificio y al salir de los templos olvidar los compromisos serios de partir el pan, para que nos sintamos hermanos de verdad.

Hay un pan que divide y un pan que une y se transforma en comunión.

Qué nos divide? En especial en el plano social e internacional? La distribución injusta de riquezas: petróleo, café, cacao, cobre, arroz, trigo, tierras, etc.

El entusiasmo por la guerra de Irak no obedeció a un simple sentimiento democrático; detrás de esas intenciones entre los aliados estaba el oro negro que apunta a ser la clave de la economía futura. El pan y el vino representan la tierra y los elementos de la misma, son partículas de la creación de Dios y mal manejadas por el hombre son y seguirán siendo causa de división y de litigio.

Así, las cosas de la tierra dividen, excomulgan y alejan los unos de los otros y por eso Cristo quiere recordarnos que si las transformamos en el Cuerpo del Señor nos servirán para poder vivir en comunión.

El pan de Cristo y su sangre colocados en los accidentes frágiles en nuestros altares de vereda y de catedrales son “fruto de la tierra y del trabajo del hombre” pero se convierten en la gran alabanza al Creador, en la bendición más fecunda que la que dio Melquisedec a Abraham y en la continua multiplicación de los panes que nos narra hoy San Juan.

La iniciativa siempre es de Dios, los milagros los hace Él, “Dadles vosotros de comer”, es un imperativo para fuera de los templos. Pablo afirma después: “Uds. Son el cuerpo de Cristo”.

Qué hemos hecho de tantas comuniones piadosas? Nos cambian durante los ritos? Y después? Aquí están el desafío para todos los que comulgamos y celebramos la fiesta de hoy: los ritos no nos salvan, nos salva la coherencia entre signos y la realidad humana.

El milagro lo tenemos que hacer nosotros con nuestra conversión.