Punto Aparte
Septiembre 5 de 2010
La figura del viejo gigante
Por: Orlando Mosquera Botello.
En 1967, tuve la oportunidad de conocer una bella finca en Gigante llamada San Antonio. Mi padre quería comprarla y nos llevó a todos los de la casa para que diéramos un concepto de ella. Contaba con unos ahorros, cupo bancario y la posibilidad de vender la suya, resultado que le permitía comprar una mejor. Don Jorge Lara Trujillo que siempre lo fio, lo había animado y contactado con su dueño.
Partimos un domingo a las cuatro de la mañana en medio de torrencial aguacero, que solo moderó en la proximidad de dicha población. Quien buscábamos vivía en una casona frente al parque donde los giganteños erigieron un monumento a Monseñor Ismael Perdomo Borrero, vivienda vecina a la de Anita Borrero.
Tras golpear fuerte con una aldaba a manera de mano, apareció una señora simpática, bajita, gordita, blanca, canosa y algo agitada, que pronunciaba el español con acento extranjero. Nos anunció que el dueño de la finca había partido temprano, pero que estaba atento a nuestra llegada. “Ya doy razón”, fue lo único que dijo al tiempo que se colocaba una balaca blanca, ancha y elástica. Se llamaba Margarita.
Me pidió que la acompañara al patio para que le diera la mano, pues tenía que subirse a una peaña para izar una bandera blanca, utilizando como astil el tubo de la antena del televisor. Cuando enarboló la insignia -si la podemos llamar así-, sonrió y me dijo que desde San Antonio se podía divisar y que tenía como mensaje la necesidad de su presencia en casa. Como a los veinte minutos apareció el finquero, si la memoria no me falla, en un Nissan Patrol gris.
Era delgado, cano, y de piel rojiza lastimada por el sol. Tenía ojos claros, mirada escrutadora, nariz recta y cierto rasgo de aristócrata, aunque a leguas por su forma de vestir y manos curtidas, se notaba que era hombre dedicado al campo.
Su pronunciación fue menos clara que la de Margarita y me dio la sensación que poco quería que se supiera su nombre. Casi no movía los labios al hablar. Cuando me pasó la mano al presentarse, sentí en la mía una tenaza; subimos al carro para recorrer pocos kilómetros al sur por la carretera central, hasta encontrar una puerta metálica de color rojo a mano derecha.
Tras corto y leve descenso llegamos a la vega del río, el cual pasamos en tarabita. Nos ofrecieron canoa pero la experiencia de salvarlo en silla colgante pesó más. Uno a uno fuimos pasando sin dejar de sentir cierto culillo, palabra de moda entonces en el argot juvenil. El río estaba guatudo y a los pies de una labranza fuimos a parar; con tenis embarrados y atentos a cualquier recomendación del anfitrión.
Finca y sorpresa
A cierta altura estaba la casa bien terminada, techada con zinc y cobijada por frondosos árboles. Exhibía un corredor frentero ancho, paredes, gradas y piso en madera. Tenía muebles sencillos y una baranda con soportes en “X”. Todo lucía de color natural y desde luego con el aroma dulzón inconfundible del cedro.
Mi padre llamaba al anfitrión “míster”, hasta que el señor un poco molesto le dijo que él no era “míster”, sino “Alemán”. Yo de metido le pregunté su nombre y mirándome fijamente dijo en forma seca:
-“Erick”.
– ¿Erick qué?
–Ribbentrop.
-¿Cómo?
-Ribbentrop.
Cuando pronunció su apellido lo hizo con cierta sonoridad grave y tono bajo. Con la velocidad del rayo y a esa edad, recordé mi lección de historia en clase del profesor Zuleta, que nos exigía llevar el texto de Historia Universal de Barrios y Astolfi. No sé qué cara hice; imagino que mi fruncido fue tan fuerte que de inmediato agregó: -¿Por qué?
–“Porque sé quien fue Von Ribbentrop, el Ministro del Exterior de Hitler”.
Esta vez sonrió e inclinó su cabeza con humildad para decir lo siguiente: “Primos”.
Llegué a pensar que lo podía ser y que estaba allí escondido, a pesar de señalar los historiadores, que Ribbentrop fue condenado a muerte en Núremberg por un tribunal internacional en 1946. Veinte años atrás se había acabado la II-Guerra Mundial y aún se especulaba que varios amigos de Hitler se habían refugiado en América Latina.
Joachim von Ribbentrop nació en 1893 en Wesel y su padre fue oficial de carrera. Después de tomar parte en la Primera Guerra Mundial, asumió la representación de una firma productora de champaña. Ingreso en el NSDAP en 1930. En 1934 fue nombrado delegado para los problemas del rearme y en 1935 firmó como embajador extraordinario el tratado naval germano-británico. En agosto de 1936, fue designado embajador en Londres y a partir del 4 de febrero de 1938, ocupó el cargo de Ministro del Exterior.
Me explicó que el nombre del ministro era solo Joachim Ribbentrop y que el Von era una palabra que se anteponía a un apellido para indicar nobleza o ascendencia ilustre; enfatizando que se pronunciaba “fon”. A partir de ese momento me di cuenta que poco me quitaba la mirada, pues lo hacía de soslayo o como se dice popularmente, “por el rabo del ojo”. Yo seguí tranquilo riendo para mis adentros, pensando que sin querer había creado cierta incomodidad y que al llegar a casa, mi padre me dijera lo de siempre: “sea prudente hijo, calcule lo que dice, piense para hablar”; algo casi imposible cuando uno tiene 14 años, como en este caso.
La labranza era grande y bella, la plenitud de su sombrío espectacular. ¿Qué árbol no es frondoso a la orilla de un río y más del Magdalena? Era una franja de tierra negra más bien angosta pero larga; pues estaba ubicada a los pies del cerro de Matambo. No sobra decir que la mazorca del cacao era inmensa y de color intenso.
Tenía la finca un anclaje espectacular con dos motobombas inmensas, obra que desafiaba la fuerza del río. El corral de madera acerrada e inmunizada, estaba ubicado en la corona de una pequeña meseta poco más elevada que el área de la casa. El resto era ladera cada vez más empinada, pues la finca se prolongaba hasta la cima del cerro en forma lanceada.
Erick sin ufanarse señalaba que todo lo había construido poco a poco desde el día que llegó a Gigante, población a la que bajaba con su pareja en burro para mercar, con el descomplique de todo extranjero que quiere echar raíces en nuevo territorio, y desde luego, la fisgoneadera de la población.
La pompa natural
El día que visitamos San Antonio, divisamos un espectáculo fuera de serie, digno de gastarle el tiempo necesario. El sol dora el cerro por el occidente en el lapso de la tarde. A medida que avanzan las horas, sus rayos refulgen a manera de áurea resaltando la silueta del cerro que se opaca por el oriente, destacándose de inmediato la figura del viejo Gigante, que pernocta arrullado por el Magdalena. Al toldar la tarde el azul cielo se hace más puro, al tiempo que ensombrecen las montañas por el oriente, tomando de inmediato un tono indescriptible entre el gris y el verde.
No me cabe duda que esta pompa natural, fue la que causó tan bella inspiración a Jorge Villamil Cordovéz, plasmada en el bello porro “Matambo”, que convierte este cerro a la hora de la verdad, en lugar sacro e inolvidable, digno de llevarlo en el corazón para dispensarle versos, cantos y sueños.
Sé que su autor buscó promocionarlo, pidiendo a Lucho Bermúdez que lo grabara, cuando con Pacho Galán eran lo máximo de la música tropical. Pero fue una equivocación garrafal, a Luis Eduardo Bermúdez Acosta, solo le interesó promover sus obras, como era obvio. La introducía vivamente en su repertorio solo cuando venía a Neiva y llenaba de elogios a Villamil. Jamás hizo sonar “Matambo”, en tantos programas de televisión o fiestas, junto a Carmen de Bolívar, Boquita salá, Salcipuedes, San Fernando o cualquier otra suya. Cuando Villamil intentó grabarla con la orquesta Iberia, sus integrantes se negaron bien sentidos, a pesar de interpretarla maravillosamente.
Poco gozamos esta pieza musical tan bella y alegre. Tal vez por tener ritmo ajeno, pero con descripción atractiva del corazón de nuestro hermoso departamento. Hace poco la escuché en la programación variada e inigualable de la Radio Cultural del Huila, retornando a mi memoria la inolvidable visita a “San Antonio de Matambo”. Valga la pena un gran aplauso a quienes programan en la emisora y el interés de un gran equipo para mejorarla día tras día; unidad que encabeza Nubia Monje como Secretaria de Cultura.
Matambo, es el cerro que miro al sur/ Me contaban de niño que era la figura de un viejo Gigante.
Matambo, tu lejana silueta azul /va bordeando las aguas saltantes de plata del río Magdalena.
Matambo, en las tardes te dora el sol/ simbolizan tu nombre y tu regia figura la América hispana.
Matambo, yo te llevo en el corazón/ Te regalo mis versos, mi canto, mis sueños, en esta canción.
Matambo, Matambo, Matambo/ Te regalo mi canción.
Matambo, Matambo, Matambo/ Te llevo en mi corazón.
MATAMBO
A cierta altura estaba la casa bien terminada, techada con zinc y cobijada por frondosos árboles. Exhibía un corredor frentero ancho, paredes, gradas y piso en madera. Tenía muebles sencillos y una baranda con soportes en “X”.
El día que visitamos San Antonio, divisamos un espectáculo fuera de serie, digno de gastarle el tiempo necesario. El sol dora el cerro por el occidente en el lapso de la tarde.
Poco gozamos esta pieza musical tan bella y alegre. Tal vez por tener ritmo ajeno, pero con descripción atractiva del corazón de nuestro hermoso departamento.
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Agosto 29 de 2010
Primera administración Plazas Alcid (III-Parte)
Orlando Mosquera Botello
Anotaba la semana pasada, que Julián Polanía Pérez, había sido el primer Gerente de las Empresas Públicas de Neiva. Era un Abogado culto y joven, egresado de la Universidad Nacional y oriundo del municipio de Palermo. Se posesionó el 1º de septiembre de 1964, y su designación por la Junta fue confirmada por el Alcalde Guillermo Plazas Alcid, mediante Decreto 162 del mismo año.
Dicha disposición le señaló como primera tarea, dedicarse exclusivamente a la programación y planeación preliminar, al tiempo que la Administración Municipal continuaba dirigiendo los servicios. La empresa empezó a regirlos el 26 de octubre, fecha que señalara para tal efecto, el Decreto 178 de octubre 19 de 1964.
La Tesorería y Contraloría Municipales efectuaron el corte de cuentas y cierre de vigencias al Departamento de Servicios Públicos, Aseo y Recolección de Basuras. La Personería con intervención de la Contraloría -previo inventario-, se encargó de legalizar el traspaso de bienes asignados por el Concejo.
Se cristalizaba de esta manera un deseo comunitario aplazando desde finales de la década del 50, pues las Empresas Públicas de Neiva fueron creadas por Acuerdo No.25 de 17 de noviembre de 1959, y sus Estatutos promulgados mediante Acuerdo Nº26 de Diciembre 2 del mismo año. Tras los conciertos iniciales sobre el tema vinieron otros que aplazaban su puesta en funcionamiento, argumentados por deficiencia presupuestal, pero a la hora de la verdad con ribetes de conveniencia partidista; celos que generaba la paridad obligatoria en todos los cargos.
La decisión de pedir facultades para ponerlas a funcionar no fue recibida con agrado por parte de los Jefes políticos de Plazas; pero el Concejo terminó otorgándoselas. En el fondo el burgomaestre quería dar cumplimiento a su promesa cuando fue nombrado, y agradecer de corazón al pueblo neivano la solidaridad que había demostrado ese 6 de junio inmediatamente anterior, cuando el río las Ceibas había dañado la bocatoma y colmatado totalmente la acequia de conducción, que era a tajo abierto.
Personas de barrios que no tenían lo que hoy llamamos domiciliarias, también habían acudido con entusiasmo llevando herramientas para descalzar el canal en el término menos posible. Yo recuerdo por ejemplo, haber conocido en el barrio Ventilador -de donde era líder el “Chato” Ortíz-, una pluma de agua cerca a la escuela, donde todo el mundo acudía con cubos a ciertas horas del día, para aparar el líquido y llevarlo a casa.
El servicio insuficiente
La gente era buena, trabajadora y caritativa. La mayoría de barrios periféricos estaban poblados con campesinos desplazados por la violencia partidista, sumándose esta vez los desalojados por la famosa operación militar en Marquetalia, Rio Chiquito, el Pato y Guayabero.
Neiva ha tenido servicio ininterrumpido de acueducto desde junio de 1890, pero la planta que funcionaba en 1964, había sido construida en 1949, para procesar 250 litros por segundo; es decir -si no me fallan las matemáticas que me enseñó el profesor Liberio Salazar-, 21.600 metros cúbicos día.
El servicio de acueducto era insuficiente, no llegaba a las casas de los barrios La Libertad, Peñón Redondo, Santa Teresa -hoy Jorge Eliecer Gaitán-, Santa Isabel, Ventilador, El Jardín, Monserrate, 20 de julio y 7 de agosto; era necesaria la ampliación del acueducto. El Alcalde Guillermo Plazas dictó el Decreto 112 de 1965 (Julio 26), convocando al Concejo a sesiones extraordinarias para que le otorgara facultades especiales; ya que bancos de la ciudad y el INSFOPAL, estaban dispuestos a prestar dinero a las Empresas Públicas, siempre y cuando el Municipio fuera el garante. Aparte de hacer llegar el agua se buscaba dar empleo, ya que la ciudad figuraba como una de las ciudades con mayor índice de desempleo, crisis parecida a la que vivimos hoy, con la diferencia que por entonces no había regalías del petróleo y menos dinero del municipio en manos de intermediarios y a término fijo.
El Concejo sesionó del 27 al 31 de julio y el Alcalde recibió la autorización. $6.255.000 pesos que era suma respetable, entraron a las arcas de las Empresas Públicas para la ampliación del Acueducto. Al año siguiente tendría capacidad de 500 litros por segundo y el líquido llegada con excelente presión a todas partes.
La primera planta de tratamiento
Los neivanos recordamos con mucho cariño la sede del acueducto viejo, lugar que visitaba la gente los fines de semana, donde se divisaba con agrado la ciudad que por ese costado llegaba tímidamente a los barrios Calixto Leiva, la Planta Eléctrica, la Troco, las primeras viviendas de La Libertad y el Batallón Tenerife.
Dicho alcor también se visualizaba rápido desde la parte baja, por estar despejado y distanciado de lo urbano, coronado por un tanque que brillaba fuertemente las tardes, al ser protegido del ambiente con anticorrosivo plateado. El barrio La colina y otros circunvecinos asfixian hoy el lugar, altura que nos parece insignificante al compararla con la empinada que se ha dado la ciudad, bien por la vía a las Palmas o salida a San Antonio, las que nos conducen por bellos condominios con algo de alivio en el clima. La última área citada que lleva a “Care-perro”, acoge hoy la tercera planta de tratamiento y el famoso reservorio sin fecha próxima de inauguración.
Misael Pastrana Borrero inició su campaña presidencial con nutrida manifestación en Neiva, en ese día novembrino de 1973, la dirigencia departamental bipartidista le ofreció un almuerzo en las instalaciones del viejo acueducto, por ser lugar bello, arborizado y desde luego fresco. En la década del ochenta, por iniciativa del Alcalde Ramiro Gutiérrez Perdomo, fue sede del club de empleados del municipio. No sé de su estado hoy, pero indiscutiblemente fue uno de los lugares más bellos de la ciudad.
Terminada la ampliación del viejo acueducto en 1966, se pensó de inmediato en el nuevo, el que se daría al servicio comenzando la década del 70, con una capacidad de captación de 2.000 litros por segundo y canal de conducción de 9.800 metros de longitud. La planta de El Jardín inició con capacidad superior a la que se necesitaba, la que permitiría a la ciudad suplir las necesidades de agua potable hasta el año 2020. Pero los cálculos quedaron cortos, en 1984 hubo que hacerle ampliación en captación, la que adelantó la empresa “American Pipe”. Por entonces yo era Secretario Privado de la Alcaldía y recuerdo perfectamente la emulación de tal empresa americana con una brasilera llamada CARPER Ltda, defendida por don Jaime París Arbeláez, miembro de la Junta. No se erraron los que asignaron tal licitación por su calidad, pues parece construida recientemente. Ejercía por entonces la Alcaldía de Neiva, Jaime Francisco Afanador Iriarte y la Gerencia de las Empresas Públicas, Eduardo Cardozo Camacho. Qué diferencia, hoy es incierto todo lo que tiene que ver con el tema del servicio de acueducto a corto plazo, mientras la ciudad crece a ritmo alarmante.
En 1935 fue construido el primer sistema de alcantarillado, obra que adelantó la firma Loboguerrero-Sanz de Santamaría. Este sistema fue reforzado en 1957, con los sistemas de La Toma, Las Ceibas, Calixto Leiva, Ventilador y Quebraditas, obras que fueron construidas por la firma Arciniega, Castillo, Samper y Cía. Posteriormente el Instituto de Crédito Territorial, construyó los alcantarillados sanitarios de Cándido Leguízamo y Granjas en 1961. En adelante todo lo dirigiría las Empresas Públicas.
La Administración de Guillermo Falla Falla, antecesora a la de Plazas Alcid; había adquirido buen número de volquetas y vehículos bota-basuras Sizu, junto a maquinaria Lokomo, importada desde Europa; equipo extraordinario que a pesar del pésimo mantenimiento duró más de 25 años. Parte de este conjunto pasaría a las Empresas Públicas por orden del Concejo. Anterior a esto, solo dos botabasuras blancos Chevrolet -modelo 54-; recorrían la ciudad dos veces por semana con ayudantes sin dotación. Estos no compactaban la basura que recibían mecánicamente por encima, elevada por un volco lento y ruidoso. Todo cambió para bien.
Secretarios de gobierno
En la primera administración de Guillermo Plazas hubo dos Secretarios de Gobierno. El primero fue Remigio Díaz Castro, controvertido político conservador casado con doña Carmenza Ordoñez, oriunda del hermoso Valle de Laboyos, quien se radicó en el Huila en la década del 50. Díaz Castro nació en Purísima (Córdoba), población a la que José Miller Trujillo -Wiponga-, compuso un bello porro por aprecio al jurisconsulto. Díaz Castro cursó bachillerato en el San Luis Gonzaga de Yarumal -Antioquia-, y se graduó como Abogado en la Universidad del Cauca, donde fue condiscípulo de Alfredo Plazas Alcid. Fue Rector del bachillerato nocturno “José María Rojas Garrido”, Juez de Instrucción Penal Militar, y Diputado a la Asamblea del Huila.
El otro Secretario de Gobierno fue José Lizardo Rivera, persona de vasta experiencia en el sector público, hermano de Rita Rivera, propietaria del famoso hotel Bochica, ubicado en la
Neiva ha tenido servicio ininterrumpido de acueducto desde junio de 1890, pero la planta que funcionaba en 1964, había sido construida en 1949, para procesar 250 litros por segundo.
Terminada la ampliación del viejo acueducto en 1966, se pensó de inmediato en el nuevo, el que se daría al servicio comenzando la década del 70, con una capacidad de captación de 2.000 litros por segundo y canal de conducción de 9.800 metros de longitud.
En 1935 fue construido el primer sistema de alcantarillado, obra que adelantó la firma Loboguerrero-Sanz de Santamaría. Este sistema fue reforzado en 1957, con los sistemas de La Toma, Las Ceibas, Calixto Leiva, Ventilador y Quebraditas, obras que fueron construidas por la firma Arciniega, Castillo, Samper y Cía.
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Existen 1 comentarios
Por: FRANKLIN MENDOZA SANCHEZ - 2010-08-29 21:26:23
Lástima que la politica haya dejado de estar de frente a las comunidades para un mejor estar general y no personal.
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