martes, 21 de agosto de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-01-11 11:10

A las EPSP quien las ronda

Escrito por: Diógenes Díaz Carabalí
 | enero 11 de 2018

En una oportunidad, por necesidades del trabajo, solicité a la empresa CLARO, un aparato de Internet de conexión inalámbrica. Terminada su utilidad dirigí una solicitud en donde pedí que fuera cancelado el servicio y se terminara la acción contractual. Supuestamente fue cancelado el servicio, pero cada mes me siguió llegando una factura de pago mínimo, que con el tiempo se convirtió en una suma importante con interese de mora que definitivamente tuve que pagar.

Hace unos 10 años, solicité a la empresa EMTEL de Popayán, que instalara un servicio de conexión a Internet por cable en mi residencia. Enviaron a un técnico, que por alguna circunstancia no pudo realizar la configuración de la máquina y, pese a la promesa de regresar al día siguiente, nunca volvió a realizar dicha configuración como lo había prometido. En vista de tal actitud, busqué conexión con otra empresa. Es decir, que nunca, ni por un minuto, tuve servicio de Internet con la empresa EMTEL. Pero para mi perplejidad, mes a mes, durante mucho tiempo, me llegó un recibo cobrando tal servicio. Ante tal atropello envié múltiples oficios comedidos, derechos de petición, me presente personalmente en las oficinas pero jamás se resolvió el problema. Todavía, a estas alturas y a más de diez años, esporádicamente, arriba a mi domicilio una factura que ya es significativa por su  monto, cuando jamás he recibido, repito, un minuto de servicio de Internet de tal empresa.

Los dos casos anteriores no son apartes de una novela de Corín Tellado o de una aventura policiaca de Agatha Christie: son casos para ejemplarizar el abuso de las Empresas Prestadoras de Servicios Públicos. Sucedieron en realidad y en mi persona que supuestamente soy medianamente instruido, conozco la ley, considero que la cumplo, sé de mis derechos y sé de mis deberes como ciudadano. Ahora qué decir de la gente del común, de quien sin duda se abusa a más no poder, con los servicios, con el cobro de las facturas, y la repuesta más corriente de dichas empresas, respuestas dadas por personas de quinto nivel, es: pague, y después, reclame. Es decir, que con estas empresas, después de ojo afuera, no hay Santa Lucía que valga.

Pero lo peor es que no hay quien nos defienda frente a los múltiples abusos de las EPSP. Ellas facturan a su antojo, sus sanciones son unilaterales, la situación contractual es también unilateral, toman decisiones sobre los usuarios inconsultas, la permanencia en su redondel es a su arbitrio, mejor dicho, con las EPSP los usuarios estamos jodidos. Y la entidad que supuestamente nos defiende, la Superintendencia de Servicios Públicos, nadie sabe dónde queda, nadie sabe dónde opera, nadie sabe cómo opera. Y cuando por fortuna se acude a ella, no hay respuesta, sus procesos demoran más que los de la corte de justicia, es decir que los usuarios perdemos más si nos quejamos, si acudimos a la autoridad para que se nos haga justicia por los abusos de la Empresas Prestadoras de servicios públicos.

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