viernes, 20 de abril de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-01-11 11:16

Alcaldes que suenan (bien o mal)

Escrito por: Édgar Artunduaga Sánchez
 | enero 11 de 2018

En la mitad de sus gobiernos, son pocos los excelentes, muchos los grises, algunos que la gente quisiera sacar a sombrerazos  (o correazos) y varios que suenan, bien o mal.

Villavieja, Yordan Arias Pacheco. Un desastre como administrador. Le reconocen habilidades para organizar actividades, en especial las que se acompañen de licor y mujeres. Caballista y borracho. Lo suyo son los cerdos, su negocio particular. Van dos años perdidos para el municipio y faltan dos años peores.

Algeciras, Javier Rivera. Su estilo prudente, cauteloso, hace que la gente lo vea lento, lerdo, casi despistado. Por eso dicen que todos sus procesos son demorados, eternos. Pareciera estar tacañando con lo público, al punto que no toma decisiones importantes. Se ha convertido en el doctor “esperemos”, analicemos, miremos.

Rivera, Néstor Ramiro Barreiro. Estudioso, arriesgado. Toma decisiones impopulares que terminan favoreciendo el municipio y su imagen. Antecesores suyos ahora sin poder han salido a golpearlo con sus calderos, pero Barreiro contra-argumenta de manera convincente. 

San Agustín, Ever Bolaños. Descomplicado, con un estilo fresco, con ganas de convertir su municipio en una ciudad emblemática. Pero han sido más emblemáticos sus escándalos de violencia intrafamiliar (con su ex). Tiene más éxito como galán que como alcalde.

Campoalegre, Aldemar Gutiérrez. Bien presentado, aparece en la mayoría de las actividades departamentales. Ni los vientos de la revocatoria lo hicieron despeinarse. Más tieso y más majo que rin rin renacuajo. Tampoco se despertó con la avalancha de 2017. Y la gente ya dice que tiene más reacción un gato de porcelana.

Palermo, Victor Hernando Polanía. Buen tipo, simpático, ahora parece modelo con 30 kilos menos, bonachón, con fama de rico, solidario, influyente con la dirigencia regional. Sólo tiene un problema: no se le consigue en el pueblo. Difícil verle la cara por esos lares. Mejor buscarlo en el exterior.

La Plata, Luis Armando Ricardo Castillo. Tiene voz, vozarrón, es hombre de radio. Siempre habla como si estuviera transmitiendo. Buena gente (me dicen). No pareciera que sus políticas públicas tengan el mismo tono. Hay gente, como el gobernador, con voz gruesa pero ejecutorias melifluas. En este caso el grosor (de la voz) no siempre corresponde al resto, es decir a la calidad del gobierno.

Garzón, Edgar Bonilla. Agradable, experimentado. Se le desplomaron las corralejas y si no se apura también su segundo mandato. El regocijo y esperanza que le permitió su reelección, comienza a desinflarse.

Pitalito, Miguel Antonio Rico. La inseguridad reinante lo tiene contra las cuerdas. De centro multicultural, Pitalito pasó a concentrar todo tipo de delincuencia. Sucesivos escándalos lo han rozado peligrosamente. De tranquilidad pasmosa (más calmado que agua de estanque), Rico no solo sobrevive sino que se esfuerza por hacer un gobierno decoroso.

Neiva, Rodrigo Lara Sánchez. Buen médico, regular alcalde. Sigue terminando obras inconclusas. El estadio se sigue cayendo a pedazos y la ciudad empeora, sin que nos pueda salvar su mejor hoja de vida. Su gran realización, darle a Cielo Ortíz el manejo del alumbrado público.   

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