sábado, 04 de julio de 2020
Economía/ Creado el: 2020-05-02 09:50 - Última actualización: 2020-05-02 09:50

Campo urge de ley agropecuaria y cero trato de quinta: Mejía López

Quedó demostrado que el país necesita un sector agropecuario altamente productivo, con bienes públicos asegurados, merecedor de infraestructura, seguro y rentable. Empresarios prevén mayor desinversión en el campo.

Empresario y exdirigente gremial, Rafael Mejía López.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 02 de 2020

Por Germán Enrique Núñez

Los colores y los aromas del campo no pueden perder vigencia solo por el espejismo del libre comercio que como quedó demostrado tiene más riesgos de los imaginados. Todos sabemos que las enfermedades viajan en barco, en avión o en bus, todos sabemos que lo que acontece al otro lado del mundo para mal o para bien, en cuestión de horas puede tenerse en la casa, con una botella de champaña o con un sufragio en las temblorosas manos, en fin las posibilidades son todas, pero en asuntos de agricultura los nacionales no la pueden ver tal y como lo hacen con el tren, un melancólico y doloroso recuerdo.

Muchos alzaron su voz en las negociaciones de los TLC entre Colombia y Estados Unidos e igual pasó con el pacto rubricado con la Unión Europea. No fueron pocos quienes defendieron el libre comercio y la apertura económica como un vehículo para el desarrollo sobre la base de tener acceso a bienes de capital, a tecnologías y adelantos de punta que le permitieran al campo y a las mismas industrias tener opciones competitivas, pero lamentablemente lo más fácil fue entregar la economía rural y desestimular la producción para darles la mano a los muchos campesinos de Estados Unidos o Europa, mala cosa.

En medio del estado onírico al que llevó ese afán de firmar negocios con los comunitarios y con los norteamericanos, al país se le fue el factor pausa al igual que el de análisis y la tierra del Divino Niño terminó firmando acuerdos que a criterio de muchos son para el olvido porque le hicieron complemento a una apertura difícil, casi súbita y totalmente perjudicial porque cambio el blanco del algodón, el verde del ajonjolí, el dorado de trigo y cebada y el entorno de pasturas fértiles como el de tierras generosas en alimentos por el árido suelo improductivo que no solo significó dependencia a la hora de alimentarnos sino ruina, violencia y un maltrato injusto con el productor primario a quien se le miró con desprecio y desagradecimiento.

Hoy la pandemia generada por el Covid-19 nos tiene a muchos pensando y con ansias, el cambiar maneras de ser o de mirar la vida y una ojeada urgente en Colombia es precisamente la que demanda el agro, porque hoy más que nunca frente a los visos de necesidad y mañana por la anunciada escasez y amenaza de hambruna, el país debe, y de manera perentoria, volver al campo, retomar cosechas y hacer complementos agroindustriales de alto valor agregado para llegar a los hogares con calidad, precio e inocuidad, algo que el productor colombiano bien sabe hacer. Lo importado, no sabemos cómo viene, ignoramos puntualmente quien lo trae y pasamos por alto temas como riesgo, salud y economía.



Hoy en día más de una tercera parte de lo que comemos diariamente es importado.

En esta ocasión resultó más que grato para Diariolaeconomia.com, dialogar con el empresario y exdirigente gremial, Rafael Mejía López, una persona muy amable, pero por encima de todo capaz, comprometido, dueño de un vasto conocimiento en temas agrícolas y pecuarios así como un constructor de ideas y uno de los seres humanos con mayores aportes por dar a un sector que urge de notables para decirle a Colombia que puede volver a la tranquilidad bajo pilares de competitividad, productividad y rentabilidad porque como asegura el expresidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, y expresidente de la Bolsa Mercantil de Colombia, hay que volver a una actividad que recibió inexplicablemente un trato de quinta.

A tener en cuenta

En opinión de Mejía López, hay tres temas muy interesantes que en su momento quedaron sustentados en la Alta Consejería de Gobierno y que consideró son indispensables porque fueron materia de estudio y de mucho trabajo. En primer lugar, lamentó que se abandonara la Misión Rural sin que se lograra expedir una ley respecto al sector agropecuario como suele pasar en todos los países en donde aparte de la ruralidad es muy tenida en cuenta la productividad que viene de la agricultura, la ganadería, la cría de especies menores, pesca y la avicultura entre tantas actividades.

Indicó que en segundo lugar el país no va a salir adelante hasta tanto no se unifique el control de sector agropecuario pues hoy en día, y como cosa rara, la Colombia está dividida en dos, asunto complejo porque todos los países lo tienen unificado y ese es el caso de Argentina, Estados Unidos, Francia y muchos, es decir que los países con vocación agropecuaria le dieron rienda suelta a las condiciones para producir y garantizar abastecimiento.

Hay un ejemplo para el sector y es que un productor de arroz está afiliados a la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, pero igual Fedearroz hace parte de la SAC y le vende su arroz al molino Unión, pero igual ese molino está afiliado a Induarroz e Induarroz a la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, ANDI, y a su vez la ANDI depende del ministerio de Comercio, Industria y Turismo con lo cual llega un enfrentamiento entre Agricultura y Comercio, entre la producción primaria con la agroindustria y el valor agregado ya cuando los productos van hacia el consumidor. Lo anterior explica por qué hoy Colombia está importando más de una tercera parte de la comida en forma directa e indirecta, una situación alarmante con un dólar a niveles de 4000 pesos lo cual generará un problema gigante que ya se ve con el maíz, la soya y los concentrados que de manera indirecta impacta la porcicultura, la avicultura, la lechería especializada y otras labores.

En forma directa, explicó el experto, hay problemas con el pan, la malta y otros como es el caso de la harina de trigo porque el país ya no cultiva ese alimento ni otros que fueron la tabla de salvación. Apuntó que la desactivación del campo explica porque las exportaciones siguen estancadas y caso opuesto por qué las importaciones crecen sin freno.



Ante el embarazoso escenario mundial a Colombia le tocó volver a los tiempos afables de la agricultura, solo que mucho más tecnificada y moderna.

“Hoy en día más de una tercera parte de lo que comemos diariamente es importado y eso tarde que temprano se le va transmitiendo por la cadena productiva a la inflación. Señaló que precisamente el indicador de inflación está controlado por varios sectores que a la fecha deja ver un 31 por ciento en construcción y vivienda, un 29 por ciento aproximadamente por alimentos y un 15 por ciento por transporte, es decir sumando todos estos ítems encontramos más del 70 por ciento en tres rubros dejando que el 30 por ciento restante lo suman otros frentes productivos así como de servicios. Si no hay ese control seguirán aumentando las importaciones, nada favorable para un país que tiene vena agropecuaria”, subrayó Mejía.

Un problema adicional en el país, eterno por demás, que se dio desde que fue liquidado el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, instrumento afín que mantienen países como Brasil, Estados Unidos etcétera, fue que esa actividad comercial perdió su identidad porque se pasó de la Bolsa Nacional Agropecuaria a la Bolsa Mercantil, un instrumento lejano a las necesidades reales del campesinado y de la producción agrícola y pecuaria.

Así las cosas, Rafael Mejía López ha venido sugiriendo la creación de una Bolsa Agropecuaria Subsidiada completamente por el estado colombiano para la comercialización de productos agropecuarios en vista que la función de una bolsa como la existente hoy no sirve para esa finalidad porque es de carácter privado que tiene accionistas los cuales buscan utilidades.

El mundo sigue avanzando y desde antes del Covid-19, ya había una tendencia que marcaban notoriamente Estados Unidos y el Reino Unido, retomar el proteccionismo y defender sectores vitales para el desarrollo, la seguridad alimentaria el empleo y los repuntes de la ruralidad.

Mejía López insistió en que el contexto económico de hoy es muy diferente y obligará a las naciones a buscar salidas coherentes a los líos de alimentación y abastecimiento por lo que tendrá que elevarse en su debido momento la tarifa de los aranceles para el producto importado, aclarando que por fuerza de mercado y por prevención muchos países van a priorizar el mercado interno que necesita acopiar alimentos para los tiempos de angustia que están por llegar y que no estaban única y exclusivamente sujetos al Coronavirus.

Colombia en su laberinto, a retomar la agricultura

No cabe la menor duda que ante el embarazoso escenario mundial a Colombia le tocó volver a los tiempos afables de la agricultura, solo que mucho más tecnificada y moderna, muy dentro de los cánones de la competitividad. Para Mejía López no fue justo lo que pasó con el campo y prueba de ello es que hoy el país depende las siembras y no de los condominios que invadieron las áreas de cultivo en diversas zonas de Colombia.



El país necesita un sector agropecuario altamente productivo, con bienes públicos asegurados, merecedor de infraestructura, seguro y rentable.

 “Hay algo muy grave y es que el campo se ve como algo de quinta categoría, no es como una actividad principal y funcional luego por ello se ha vuelto tan complicado. El campo tiene que integrarse al sector rural y al sector rural no debe darle pena el tener esa vocación en un país como Colombia. Tratamos de industrializar por pedazos y por ello el arroz, verbigracia, se volvió parte Tolima, otra Huila, Costa y Llanos Orientales, todo por separado como si fueran arroces diferentes o de otras actividades” expuso.

Sobre el maíz, y haciendo un paréntesis, Colombia produce maíz tipo Triple A e importa Triple C, un grato roto y dañado toda vez que va para la industria de los concentrados.

Recalcó que el país urge de una ley que realmente incentive y proteja desde la seguridad jurídica en adelante porque como Mejía López, muchos agricultores hoy no se atreverían a invertir un peso en el sector agropecuario. “Olvídense”.

Remembró que siendo Presidente de la SAC, cuando empezaron a hacerse las grandes inversiones en el agro, estas fueron cortadas de tajo, sepultando el desarrollo agropecuario y empresarial del país pues todas las grandes explotaciones, apuntó, se fueron quedando a mitad de camino lo cual fue muy grave porque esos empresarios estaban construyendo escuelas, carreteras y vida rural alrededor de los desarrollos agropecuarios. Todo eso, subrayó obliga a que Colombia trabaje para darle vía a una ley agropecuaria totalmente pletórica de garantías e incentivos para los agricultores.

En materia de comercialización no negó que el Ministro ayude, pero con cositas y todo lo que termina en diminutivo, empero, manifestó que el producto se sigue quedando en la puerta de la finca y por eso la idea es trabajar y planificar de tal manera que esa producción llegue a las grandes centrales y a los hogares con toda la frescura y con mejores precios.

En un tiempo desde la SAC y con el concurso del entonces Presidente Álvaro Uribe, fue posible hacer un out club del sector agropecuario o una previsión de cómo veía el gobierno la producción de todos los productos como se hace en Estados Unidos o en cualquier país civilizado, pero el tema se acabó y no fue posible retomarlo.

 “Aquí no tenemos ni idea que se va a sembrar, cuales son las cosechas, la función de la SAC se desvirtuó y esas son las peleas de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, FENALCE, con la SAC y por ello FENALCE optó por retirarse, pero no solo los cerealistas, hay un número importante de gremios agropecuarios que le dijeron adiós a la SAC lo cual es terrible”, puntualizó el empresario.

Mejía López quien hizo parte de la Junta Directiva de la Misión Rural dijo que lamentablemente el encargo terminó de la peor forma pues acabó archivada y tan solo dejaron una agencias que no sirven para nada. A todo lo anterior se suma que no se hicieron las carreteras, que los buenos puertos no aumentaron muy a pesar de tener dos mares pues se habló mucho y no hubo obras, en seguridad jurídica para el empresario del campo también quedaron grandes soluciones por venir un mal todavía más grande por la falta de seguridad física que hizo que la actividad empresarial fuera un problema, luego es imposible que se haga inversión, entre otras cosas porque las nuevas generaciones no quieren arriesgar patrimonio ni sacrificar tranquilidad.

Vaticinó que con toda la situación actual y ante la falta de garantías vendrá una mayor desinversión en el sector agropecuario y precisó que pretender suplir una tercera parte de la comida colombiana con parcelas de tres hectáreas, sembrando con azadón y con pica, echando semilla al voleo y llevando todo en un jeep destartalado al pueblo, no funciona porque una cosa es proteger el campo, al campesino y a la ruralidad, pero otra es apostarle al sector agro-empresarial.