miércoles, 14 de noviembre de 2018
Opinión/ Creado el: 2017-07-14 09:53

Cavilando

Escrito por: Ernesto 
 Cabrera Tejada | julio 14 de 2017

Habrá que dar gracias a Dios  o la fortuna por vivir el tiempo que uno cree va vivir o el que algunos creen uno debería vivir.
Es para quienes vamos  pasando los cincuenta años,  un dramático  momento que debería ser más pacífico y entusiasta. El poema De Amicis nos sitúa en esa piedad de vida de los noventa años, pues a los sesenta nos sentimos vigorosos.
Pero en sociedades que comparto ahora en Moscú y San Petersburgo, (Rusia) la cosa es a otro precio, allí pareciera lo mismo tener sesenta que noventa, tienen un compromiso con el Estado y su momento de vida con el compromiso estoico a la patria. 
Pienso en nuestros viejos, muriendo en ancianatos, achacosos, babeantes y dementes, y creo que es mejor estar sentado con el pecho nutrido de medallas mirando hacia arriba el descenso eterno e infernal de millones de usuarios en las escaleras del metro, o en los rincones del Hermitage haciendo parte de las arcaicas colecciones, momificados, ineficientes y poco gustosos. En instantes consecutivos también pienso que aquí se abusa laboralmente de la tercera edad.
Y es que ahora en este mundo seguimos la vida preocupados sobre lo que pasará con la globalización pero dedicamos menos a reflexionar sobre el mayor progreso de la humanidad que es la prolongación de la esperanza de vida.
Hace treinta años el hombre llego a la luna y no ha podido más allá, en esos años llegar a los sesenta era el final ahora existe una esperanza razonable para llegar a los noventa siendo útiles, trabajando, alimentando el ego de la madurez, allí según Eco ganamos en velocidad a la informática incluso. Y rememora a Alejandro Magno, Catulo y Chopin muriendo a los treinta y nueve años, Mozart a los treinta y seis, Spinoza a los cuarenta y cinco, Shakespeare a los cincuenta y Hegel a la avanzadísima edad de los cincuenta y uno.
El mundo se la ve con la prolongación de la esperanza de vida, las migraciones por poner un sólo ejemplo busca condiciones para morir más viejos, las rezagadas sociedades  socialistas con evidentes avanzadas capitalistas y poblaciones adultas se resiste a través del trabajo con algo que suena real; hoy los jóvenes son adultos a los cuarenta años, algo que los viejos lograban a los dieciséis, en eso tiene razón los  veteranos trabajadores de la población rusa.

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