martes, 16 de julio de 2019
Contexto/ Creado el: 2019-05-27 07:39 - Última actualización: 2019-05-27 07:40

Cooperación entre países, alternativa a la represión y los muros para los inmigrantes

El siglo XXI le exige a las sociedades y a sus gobernantes brindar soluciones no deshumanizantes como las que derivan de las lógicas y dinámicas de securitización de las migraciones, asociadas con el tráfico y la trata de personas, el crimen organizado, el racismo y la xenofobia.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 27 de 2019

Maguemati Wabgou
Profesor e investigador

Nunca antes se había registrado un número tan elevado de personas que vive en un país distinto de aquel donde nacieron. En 2017 la cifra de migrantes alcanzó los 258 millones de personas, frente a los 173 millones de 2000, y se espera que esta cifra ascienda a los 405 millones en 2050, según estimaciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y de Naciones Unidas.

El vertiginoso crecimiento de las migraciones se explica por el hecho de que –aparte de los factores más tradicionales como la pobreza, los conflictos armados o el terrorismo– cada vez más las personas emigran de sus países por factores ligados con el cambio climático, los desastres naturales u otros factores ambientales. Precisamente el Informe mundial sobre desplazamiento interno de la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) estimó que en 2016 se registraron 24,2 millones de nuevos desplazamientos asociados con desastres en 118 países y territorios. “El desplazamiento provocado por desastres fue más de tres veces mayor al desplazamiento provocado por conflictos”, se lee en el documento.

Mientras que los flujos migratorios van creciendo, también se incrementan las políticas migratorias restrictivas formuladas desde la perspectiva de la seguridad. Esta actuación que suele justificarse por el hecho de considerar que las migraciones –cada vez más viciadas por irregularidades, condiciones de “ilegalidad” y actividades ilícitas como el narcotráfico y la trata de personas– atentan contra la seguridad nacional e internacional.

Políticas públicas

Tal postura contribuye a reforzar las percepciones negativas –la mayoría de veces relacionadas con la criminalidad– acerca de las personas migrantes e incrementan las acciones xenófobas en los países de acogida. Esta situación captó el interés de los grupos de investigación “Migraciones y Desplazamientos” y “Seguridad y Defensa”, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la UN, los cuales desarrollaron un trabajo que profundiza los estudios internacionales en migraciones y seguridad, con el propósito de que sirva como herramienta para formular políticas públicas en los campos de estudio abordados, como alternativa a las medidas represivas y violentas en contra del migrante.

Los resultados de este trabajo forman parte del libro Migraciones y seguridad: un reto para el siglo XXI, una de las 147 novedades que presentó la Editorial UN en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) 2019.

En la investigación, que contó con el apoyo de la Dirección de Investigaciones de la UN Sede Bogotá, se analizan tres casos que evidencian la secutirización –es decir, cómo la migración internacional es vista como un asunto de seguridad por representar una amenaza– de las políticas migratorias: Estados Unidos frente a su frontera con México, la situación de la Europa Mediterránea (Grecia, España e Italia) y las migraciones provenientes de África del Norte (Argelia, Libia, Egipto), y el caso de las migraciones colombianas, esencialmente por motivos de violencia, hacia Ecuador y Venezuela.

Terrorismo catalizador de endurecimiento de políticas migratorias

Tras el análisis se constató que a medida que se incrementan fenómenos delictivos transnacionales como el terrorismo y el narcotráfico, los Estados receptores de la migración tienden a tratar su ingreso y permanencia como asuntos de seguridad nacional.

Con el cierre de las fronteras de los países de destino ante el auge de los movimientos migratorios sobre todo a finales de los noventas, al que se suman la rigidez de los controles en las fronteras y el endurecimiento de sus políticas migratorias, en especial desde el 11 de septiembre del 2001, se entrelazan la globalización, las migraciones y la inseguridad tanto nacional como internacional; mientras se legitima y justifica la intensificación de las lógicas de protección desde la perspectiva de la seguridad.

Por ejemplo, en Europa la tendencia securitizadora de las migraciones se replica; allí, la crisis económica de 2008 parece haber sido el factor catalizador que llevó a la revisión y aplicación de diversas medidas para lograr un mayor control de los inmigrantes. Es importante no perder de vista los actos terroristas que precedieron estas decisiones: España, atentados en los trenes de la red de Cercanías de Madrid (España) el 11 de marzo de 2004, que dejaron 193 personas fallecidas; Gran Bretaña, atentado del 7 de julio de 2005 en vagones del metro de Londres; Bélgica, asesinato de cuatro personas tras un tiroteo en el Museo Judío, en Bruselas, y las explosiones en el aeropuerto y el metro de la capital en marzo de 2016; Francia, atentado contra el semanario francés Charlie Hebdo y la sala de concierto Bataclan en 2015, y la explosión en el Estadio de Francia en 2016.

Comunidades transnacionales

Es innegable que hoy las migraciones facilitan la creación de comunidades transnacionales que traspasan los límites de las fronteras territoriales y las relativizan, y que además debilitan –y cuestionan– la función de territorialidad de las identidades nacionales, mientras que el Estado busca desesperadamente tener control sobre sus fronteras y sobre el movimiento de los migrantes, aun defendiendo paradójicamente el principio de libre circulación de bienes y personas. Esta situación conlleva e implica grandes desafíos para los Estados de acogida en términos de garantía y fortalecimiento de la seguridad nacional y la “ciudadana”, a tal punto que se opta por la construcción de muros para dificultarles a los migrantes su entrada en los territorios de destino. Pero, en definitiva, la solución no está allí.

Más bien se deben buscar respuestas enmarcadas en procesos de cooperación e interdependencia, en la medida en que el fenómeno de las migraciones se inserta en el campo de estudios de las relaciones internacionales, por considerarse como un fenómeno social, muy importante en la política nacional, la agenda internacional y la política exterior de los Estados.

Ahora más que nunca las migraciones están intrínsecamente relacionadas con la geopolítica, el comercio y los intercambios culturales, contribuyendo a construir puentes pero suscitando miedo en algunos sectores de la población que apoyan la construcción de los muros en el marco de las lógicas de la gestión de las fronteras y políticas migratorias.

Falta explorar posibilidades reales de desarrollar estrategias de gestión de las migraciones para responder a sus desafíos, lo cual requiere un cambio de actitudes y perspectivas hacia y sobre las migraciones. Estas deben promover la creciente universalización de los valores y principios establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pues implica el reconocimiento pleno del individuo como sujeto de derecho internacional, apto por ejercer su ciudadanía universal.

* Grupo Migraciones y Desplazamientos, Universidad Nacional de Colombia.