viernes, 14 de diciembre de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-10-11 09:15

Crónicas de viajes – Monumento Luís Vaz de Camões

Escrito por: Diógenes Díaz Carabalí
 | octubre 11 de 2018

Los Lusiadas es la obra cumbre de Luís Vaz de Camões, un versátil escritor que escribió en su lengua vernácula y en español. Camões es como el Cervantes, o el Shakespeare, portugués, orgullo y centro de la tradición literaria de un país generoso en autores de prestigio en el pasado y en el presente. Callen del sabio griego, y del troyano/ los grandes viajes, conque el mar corrieron;/ no diga de Alejandro y de Trajano/la fama las victorias que obtuvieron…, Canta en su epopeya para exaltar la actividad conquistadora y de sometimiento de los portugueses, y que le valió entrar  en el espacio inmortal de los monumentos trascendentes, con la discutida desaparición de sus restos durante el histórico terremoto e incendio de Lisboa (1755).

En la Praça Luís de Camões está La estatua, elaborada por el escultor Vítor Bastos, inaugurada el 9 de octubre de 1867. La figura es de bronce tiene 4 metros de altura. Se asienta sobre un pedestal octogonal rodeado por ocho estatuas a personajes significativos de las letras y la historia de Portugal: Fernão Lopes, Pedro Nunes, Gomes Eanes de Azurara, João de Barros, Fernão Lopes de Cantanhede, Vasco Mousinho de Quevedo, Jerônimo Corte-Real y Francisco Sá de Menezes. El monumento de Camões es el más antiguo de Lisboa dentro de su género, siendo únicamente más moderno que el de la estatua equestre de D. José I. Completa el homenaje la tumba ubicada en una de las salas del imponente Monasterio de los Jerónimos, ubicado en el barrio de Belém, a pocos pasos de la Praça de Luís de Camões, lugar donde supuestamente descansan los restos del poeta, sobre un túmulo neomanuelino, en armonía con el estilo arquitectónico del lugar y de la tumba del explorador Vasco da Gama, que se encuentra a pocos metros, conjunto que constituyen verdaderas joyas del arte escultórico.

Es una sorpresa caminar el centro de Lisboa, las sorpresas se condensan en el Monasterio de los Jerónimos, con un conjunto arquitectónico impresionante que enseña el poderío del imperio y la trascendencia de su religión en todo el propósito conquistador que durante siglos convirtió a Portugal en potencia estratégica y política, lo que muestra también en su prepotencia adquirida de las conquistas allende el mar, como quiera que fueron los primeros en bordear el continente Africano para abrir una ruta real a las Indias Orientales, frustración que los españoles no pudieron conseguir. Desde luego tenía que estar tutelados por sus héroes, por sus cultores, por el símbolo de sus letras, como propósito de autenticar el pasado glorioso como nación. Un recorrido para embelesarse frente a quien también formó parte de esas conquistas: precisamente Camões publica su obra cumbre tres años después de su regreso de Oriente (1572).

Es un orgullo que permanece evidente en su habitantes, precisamente los amigos que nos invitaron a su casa para pasar una temporada con ellos en un condominio cerca a Lisboa, nos muestran su riqueza histórica con detalle y orgullo, frente al pasado de una nación que afinca su futuro en lo que crearon y conquistaron, como una obra de fe y civilización.

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