miércoles, 19 de febrero de 2020
Opinión/ Creado el: 2019-12-28 10:22

El mejor regalo cultural para Neiva

Escrito por: Alfonso Vélez Jaramillo | diciembre 28 de 2019

Cuando Jaime Lozada Perdomo era Gobernador del Huila en el año 96 y anunció la venta del Teatro Pigoanza, le llovieron rayos y centellas solo por atreverse a mencionarlo.

Presionado desistió de su intención, ya que éste emblemático espacio estaba dentro de los bienes improductivos que la Gobernación del Huila enajenaría para enfrentar la espinosa situación económica que amenazó, inclusive, su desaparición como entidad territorial.

Sus asesores no tuvieron en cuenta el vínculo sociológico ni el componente cultural y seguían al pie de la letra el mandato nacional de ajuste fiscal y adelgazamiento de los gastos para reducir el déficit del sector público.

Sin embargo, era una locura vender el teatro Pigoanza, el sector cultural del Huila, los historiadores, los gremios y las fuerzas vivas se pararon en la raya y de inmediato protestaron.

Y después de estar cerrado porque no era rentable, la sociedad huilense tampoco admitía su privatización y menos que fuera convertido en un almacén de ropa.

El Teatro Pigoanza, desde su inauguración el miércoles 6 de mayo de 1970, se convirtió en un símbolo de la cultura y de la arquitectura huilense.

La estructura del teatro resistió el terremoto de 1.967 en plena construcción y volvió a soportar los embates económicos contra su existencia.

Solo que esta vez tuvo un doliente que lo protegió a capa y espada para que no se acabara, el gobernador Carlos Julio González.

El Pigoanza puso a Neiva, de vernácula economía pastoril, a la par con otras ciudades de país. La historia recuerda a sus teatros contemporáneos el “Ópera”, el “Riviera” y el “Scala”, de Bogotá, el “Metropol” de Ibagué, el “Rosental” de Cúcuta y el “San Andrés Isla”.

Hoy, luego de 15 años clausurado amenazando ruina, resurgió como el ave fénix de entre sus cenizas, rescatado por González Villa.

Acaba de ser remodelado con una partida de 2.800 millones de pesos y puesto de nuevo al servicio a la altura de los mejores y más confortables del país, con recursos propios de la gobernación.

No hay excusa para que la gente regrese a la emblemática sala de cine y teatro de Neiva, que promete ser de nuevo el epicentro de grandes temporadas artísticas y culturales, como en otros tiempos, inclusive de las galas de la Sinfónica del Huila.

¿Y por qué merece una columna el teatro Pigoanza?, para mí, simplemente es el mejor regalo que recibe Neiva en sus 400 años, es la obra que mejor retrata el Plan de Desarrollo “El camino es la Educación”, que edificó muchos colegios, escuelas y centros de formación cultural, pero la recuperación del Pigoanza no tiene comparación por su importancia regional.

Según el gobernador González “el soberbio escenario, regresa como en sus mejores épocas para erigirse en epicentro del arte y la cultura”.

El nuevo Pigoanza, da gusto, cuenta con ambientación sostenible, aire acondicionado, nueva acústica, voz e iluminación, silletería de lujo, techo, paredes, pisos, cielo raso, tarima central, telón de fondo y de mecánica teatral nuevos, luces robóticas, proyección de cine y sala VIP y hasta nuevo sistema hidrosanitario.

Según la Academia Huilense de historia, “el Teatro Pigoanza es un bien de interés cultural departamental, y el edificio entero constituye el primer hito arquitectónico dedicado a este fin en el Huila”, que con el diseño de aquella época, nos deja un testimonio de una avanzada propuesta formativa de nuestros antepasados, considero que es el mejor tema amable para cerrar este año.

Homenaje histórico

El gobernador Jaime Afanador Tovar, entre 1964 y 1966 contrató el anteproyecto y el proyecto del teatro Pigoanza. Su sucesor Max Francisco Duque Palma, inició la construcción con la dirección del ingeniero civil Rodrigo Ocampo Ospina, como residente de obra, Jaime Tovar como maestro de obra, Saín Mosquera como contramaestre, Luis Hernández oficial mayor de construcción y Célimo Mosquera como ayudante principal. Todo el equipo estuvo bajo la responsabilidad inmediata del arquitecto Eduardo Hakim Murad como administrador delegado, supervisado por el arquitecto Antonio María Paredes Tamayo en calidad de interventor técnico. En febrero de 1967 el Huila sufrió un fuerte terremoto que destruyó gran parte de nuestro patrimonio arquitectónico y  la estructura del edificio, construida antes del sismo, fue revisada minuciosamente y no presentó daños que hicieran necesario su replanteamiento.

El gobernador Augusto Paredes Tamayo, quien rigió entre mayo de 1969 y agosto de 1970, creó una junta presidida por y Felio Andrade Manrique, Ricardo Dussán Romero, Rómulo González Trujillo, Orlando Guzmán Perdomo y Guillermo Plazas Alcid, bajo la tutoría del síndico general Daniel Gutiérrez Blanco y el teatro Pigoanza fue oficialmente inaugurado el miércoles 6 de mayo de 1970. Los siguientes gobernadores Carlos Ortiz Fernández y Héctor Polanía Sánchez lo acabaron de dotar con equipamientos tecnológicos de alta generación que existían hasta 1974.