miércoles, 05 de agosto de 2020
Opinión/ Creado el: 2020-08-01 10:59

ENTRE LA MENTIRA Y LA VERDAD

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 01 de 2020

AMADEO GONZALEZ TRIVIÑO

Los seres humanos siempre buscamos la verdad. Y en el libro de cabecera de la religión católica, se dice en el Eclesiástico 20:26: “la mentira es una tacha infame en el hombre”.

Hay quienes sostienen que la verdad es la realidad y que en la medida en la que el sujeto con su inteligencia y su conocimiento se enfrenta a una situación, a un hecho, a una cosa y puede corresponder sin lugar a dudas, que está en lo cierto, que hay coincidencia entre su pensar, su conocimiento y el objeto que describe o que estudia y analiza, eso es la verdad.

Pero los seres humanos han recurrido siempre a la mentira, y ésta hace parte inescindible de esos factores que determinan la existencia de la honradez, de la sinceridad, de la lealtad y por qué no, de la franqueza.

La mentira se ha convertido en un arma que es utilizada para seducir, para engañar, para reinar y por qué no, para hacerse elegir. Hasta en el amor, hay momentos en los que ese engaño, esa mentira se convierte en un arma con la cual, se avanza en la consolidación de un sentimiento o en el rompimiento del mismo, pero son los sujetos enfrentados a sus realidades, los que se encargan de entrelazar su racionalidad hacía la búsqueda de eso que se pretende, acertar o desvirtuar.

Cuando en medio de todo, esa verdad se oculta se han de generar odios, retaliaciones y se atenta contra esos presupuestos que siempre hemos soñado, como la paz entre los colombianos o mejor, entre los seres de todos los confines, en todos los instantes y con todos los propósitos.

El pueblo colombiano se ha cimentado en la doble moral, en la perpetuación de esos falsos ídolos que han terminado por ocultar la verdad, por valerse de la mentira, por distraer y engañar hasta dividir a las colectividades y propiciar ese distanciamiento entre todos, hasta el punto de que con ocasión de una idea de un Alcalde, para demandar el apoyo médico de unos profesionales de la medicina de otro país, se ha anunciado que de hacerse realidad esa propuesta, sectores poblacionales, imbuidos por sectarismos radicales, amenazan con apedrear y atentar contra la integridad física de aquellos, en el evento de que tal gesto de solidaridad se pudiera presentar en Colombia.

Y en medio de una pandemia, de una crisis social, humanitaria y económica, a la que nos ha llevado este desgobierno con políticas equivocadas, se hace necesario implorar al mundo que nos den la mano, que nos apoyen, porque nuestros propios dirigentes se enfrascaron en ese apetito de la corruptibilidad que no tiene retorno, que no llena sus buches de ambición y de poder y que se constituyó en un acto inmoral con el cual se disfraza la función social y pública del funcionario de las administraciones centrales y regionales o locales.

Hemos perdido la brújula por completo de lo que es y lo que significa la verdad de la epidemia a la que se nos ha expuesto. Estamos a la deriva con una sociedad de seres que en determinado momento no ha sabido comprender la dimensión del gran mal electoral en el que reincidimos cada cuatro años, precisamente porque no entendemos y no comprendemos cómo la verdad ha sido maquillada con artificios, mentiras y engaños, para seguir en estos momentos, cada quien, comiendo cuento de que todo se soluciona de la noche a la mañana, con una oración o con una novena a una virgen o a uno de los que hacen parte del santoral católico, en fin que solo un milagro nos salva de la hecatombe.

El milagro ya pasó. La hecatombe se nos vino encima. Nos entregamos al peor de los redentores y éste se ha encargado de seguir engañándonos y como borregos. No hemos hecho más que replicar y acusar sin sentido, a quienes nuestros dirigentes dicen que son los culpables de este contagio masivo que el Gobierno Nacional, ha diseñado para que día a día, aumente paulatinamente con contagios y muertes, mientras anuncia la apertura de vías, de transportes, para rescatar una economía que ha rodado al precipicio y que nos tiene al borde de un verdadero colapso social.

Mentiras y verdades, todo un ardid con el que nos hemos dejado engañar y no sabemos que camino tomar.