martes, 16 de julio de 2019
Economía/ Creado el: 2019-06-17 11:22 - Última actualización: 2019-06-17 11:23

FMI y su visión de Colombia 2019-2022

En el frente externo, Colombia ha sido incapaz de virar hacia una economía más diversificada que le permita contener el deterioro de la cuenta externa, concentrando todavía un 70 % de sus ingresos en commodities.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 17 de 2019

Sergio Clavijo Vergara
Especial para Diario del Huila

A diferencia de años anteriores, en esta ocasión se dan claras advertencias de que la sostenibilidad fiscal de Colombia requiere actuar pronto y de forma coordinada entre el Ejecutivo y el Legislativo. Atrás parecen haber quedado las visiones cándidas en que el FMI decía que el problema fiscal se arreglaría mejorando la gestión de la DIAN, esperando entonces ganancias hasta de un 1,5 % del PIB por año (ahora nos habla de solo un 0,1 % del PIB por año por cuenta de dicha gestión tributaria).

Otra de las preocupaciones del FMI tiene que ver con el lento ritmo de crecimiento económico. Pero, paradójicamente, esa multilateral termina “comprando” la ilusión de la Administración Duque de que la “economía Voodoo” de la Ley de Financiamiento 1943 de 2018 habría de acelerar pronto ese crecimiento del PIB-real hacia el 4,5 % (+1 punto porcentual-pp). A este respecto cabe señalar que, en los inicios de este año, se está comprobando cuán difícil será siquiera llegar al 3,3 % en este 2019. El desempeño del primer trimestre de 2019, a ritmos de solo un 2,8 % anual, estuvo significativamente por debajo del 3,4 % anual que pronosticaba ANIF con base en sus “indicadores líderes”.



Los correctivos macro-económicos a seguir

Para corregir las fallas macro-económicas, la Administración Duque requiere trabajar en al menos cuatro frentes durante el período 2019-2022: i) elevando la precaria relación Recaudo (neto de devoluciones)/PIB desde el actual 14 % hacia un 16 % (aunque el FMI no detalla cómo debería hacerse); ii) recortando el gasto público en al menos un 1 % del PIB, pero curiosamente las cifras del FMI revelan que ello se haría tumbando el gasto en infraestructura del 1,5 % del PIB actual hacia solo un 0,4 % del PIB (lo cual implica que no habría gasto adicional al ya comprometido en las “vigencias futuras”); iii) impulsando reformas estructurales a nivel pensional y en el área de la justicia; y iv) enajenando una porción significativa de activos estatales, pero aclarando que esos recursos deben ir a inversión y no a gasto operativo-recurrente (nótese que esto último debe resolver problemas contables relacionados con la Regla Fiscal-RF, tal como lo discute dicho documento).

El FMI enfatiza que Colombia ha podido maniobrar, con relativo éxito macro-financiero, el complejo período 2015-2018. En efecto, cabe aplaudir nuestro desempeño al compararse con lo ocurrido en el resto de América Latina. Colombia, Chile, Perú y, en menor medida, México han podido mantener crecimientos positivos y mejoras en el frente social.

En particular, Colombia registra un crecimiento del PIB-real del 2,7 % en promedio anual durante el último quinquenio (pero ha perdido cerca de 1 pp en su crecimiento potencial). También se ha logrado reducir la pobreza monetaria desde el 42% hacia un 27% de la población total durante la última década, ver gráfico 2. No obstante, durante el año 2018 se frenaron esos progresos en la lucha contra la pobreza e inclusive se deterioró la concentración del ingreso, al elevarse el GINI desde 0,51 hacia 0,52 (trayectoria diferente a la insinuada por el “balance rosa” que nos pintara Santos II).

ANIF considera que el FMI ha debido puntualizar que los colchones que existían en materia de utilización crediticia local e internacional ya se han venido agotando durante 2015-2019. Esto nos deja entonces un preocupante balance en materia de déficits gemelos externo-fiscal para el horizonte 2019-2022, como lo veremos a continuación.

Desafíos en el frente externo

En el frente externo, Colombia ha sido incapaz de virar hacia una economía más diversificada que le permita contener el deterioro de la cuenta externa, concentrando todavía un 70 % de sus ingresos en commodities. Ante la falta de profundidad exportadora (tan solo un 16 % del PIB), Colombia estará arrojando déficits externos elevados, cercanos al 4 % del PIB durante el período 2018-2020. Este deterioro en las cuentas externas no es atribuible tanto al deterioro en los términos de intercambio, como a la persistencia del elevado Costo Colombia (costos laborales, energéticos y de transporte). De hecho, el precio del petróleo Brent ha estado bordeando aceptables niveles de US$70/barril durante este período 2018-2019.

Tal vez la única buena noticia en el frente externo es que, al mantenerse un sistema de flotación cambiaria bastante limpio en años recientes, la relación peso-dólar hoy luce cercana a la de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). Ello se refleja en correcciones de 30 puntos reales frente a una amplia canasta de monedas durante 2014-2019 (mayo). En particular, hemos tenido devaluaciones que promedian un 12 % nominal en lo corrido de 2019 (llevándonos recientemente a los $3300 por dólar).

De esta manera, Colombia (por fin) está superando la grave Enfermedad Holandesa (que gobiernos anteriores subestimaron al denominarla “un mero resfriado”). Esta PPA debería reflejarse en mayor sustitución de importaciones y promoción de exportaciones, para así entrar a corregir un déficit comercial que supera hoy el 2 % del PIB (vs. el superávit temporal del 1 % del PIB que se tuvo en 2009-2013).

Aun así, el colchón que proveen las Reservas Internacionales Netas (RIN) debe fortalecerse, pues las obligaciones externas de corto plazo indican que estamos por debajo de lo deseado. En esta visión discrepamos de la “tranquilidad” cambiaria que destila, casi siempre, el FMI (ver gráfico 3). Bajos colchones en RIN implican mayores devaluaciones, las cuales conllevan un riesgo latente de pass-through cambiario. De hecho, ANIF considera que diversos elementos de inflación de costos obligarán al BR a elevar su tasa repo del 4,25 % actual hacia un 4,75 % antes de finalizar este año.

Correctivo en el frente fiscal

En el frente fiscal la situación del país es mucho más compleja y, como decíamos, las advertencias del FMI van en la dirección correcta. Estas admoniciones se unen a las realizadas por las calificadoras de riesgo, cuando se “acomodó” la RF en abril de este año. Recordemos que dicho acomodo vino a permitir déficits fiscales adicionales por un 2 % del PIB durante 2019- 2022, ver gráfico 4.

El primer embate de correcciones sobre la RF, del año 2018, resultó en contravía de los mismos principios de dicha regla, pues mayores precios del petróleo y crecimiento del PIB deberían haberla apretado. En el segundo embate, del año 2019, se invocó una cuestionable “cláusula de escape” relacionada con el costo de los inmigrantes de Venezuela.

¿Qué hacer hacia el futuro en el frente fiscal?

Desde ANIF venimos abogando por fortalecer la credibilidad y el anclaje fiscal que debe cumplir la RF. Esto debe hacerse a través de virar hacia un esquema que tome en cuenta directamente la trayectoria de la relación Deuda Bruta del Gobierno Central/PIB. Para ello, debe usarse como instrumento el balance primario requerido para evitar desbordar determinado nivel de endeudamiento, ver Informe Semanal No. 1309 de abril de 2016.

Este enfoque de “Deuda Objetivo”, si se quiere preservar el Grado de Inversión en la deuda pública, debería contemplar no desbordar el límite del 55 % en la deuda bruta del Gobierno Central hacia el año 2022, teniendo en cuenta que cerró en un 50 % en 2018 (según cifras del MCHP).

Permítanos el lector ventilar aquí un par de curiosidades estadísticas respecto del FMI: Anif no entiende cómo el FMI reporta el total de deuda pública bruta en “solo” un 52 % del PIB, sabiéndose que el nivel del Gobierno Central reportado por el MHCP al finalizar el año 2018 llegaba al 50 % del PIB (ver gráfico 5). Y ANIF tampoco entiende cómo se llega a una relación de Deuda Externa/PIB del 47 %, cuando la cifra reportada por el Banco de la República fue “tan solo” del 39 % al cierre de 2018 (valor pico, equivalente al de 2002).

Por último, y con relación a la estabilización de la deuda pública, el FMI nos hace ver que la trayectoria de ese balance primario (neto de recursos petroleros) continuará en un -0,4 % del PIB en 2019 y solo empezaría a ser positivo hacia el año 2022. Esta situación devela una gran contradicción en las simulaciones del FMI, pues luce prácticamente imposible llegar entonces a reducir esa relación de Deuda Bruta Total/PIB hacia el 44% que prevé la multilateral para el año 2022.

¿Cómo postula entonces el FMI que Colombia logre alcanzar ese objetivo de deuda bruta del 44 % del PIB sabiendo que las ganancias por gestión tributaria serían solo de un 0,1 % del PIB por año? Pues bien, resulta que el FMI realiza la “ilusión contable” de recortar en su hoja Excel el gasto público de forma tajante, el cual continuaría bajando desde el 18,2 % del PIB en 2018 hacia un 16,7 % en 2022, estrategia que ha sido seria y sabiamente cuestionada por la Comisión de Gasto.

Más aún, dentro de ese recorte de gasto se destaca la formación bruta de capital, comprimiéndola a solo un 0,4 % del PIB en 2022. Tal como ya lo comentamos, esto luce hasta irresponsable, pues entonces el gasto público en infraestructura estaría limitado a ejecutar las vigencias futuras ya expedidas, que en valor presente neto se acercan al 12 % del PIB. De esta manera, las necesidades de gasto en infraestructura, relacionadas con la diversificación exportadora y con las ganancias en competitividad de Colombia, se estarían postergando para las siguientes generaciones.

De ser así, entonces Colombia continuaría creciendo a ritmos de solo un 2,5 % en promedio anual y su PIB per cápita crecería a ritmos del 1 % anual, desde su precario nivel actual de US$6500/año.

* Presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF). Este análisis contó con la colaboración de Carlos Camelo.