martes, 13 de noviembre de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-02-08 07:12 - Última actualización: 2018-02-08 07:12

Hacia dónde

Escrito por: Diógenes Díaz Carabalí
 | febrero 08 de 2018

 

Países con  mayor civilización política que la nuestra, han llegado a acuerdos esenciales, como proteger la economía, mantener un crecimiento continuo, mejorar la competitividad en un mundo globalizado. Chile es un caso cercano y claro: allí se alternan gobiernos de derecha e izquierda; mantienen el equilibrio de sus políticas, permiten una sociedad pluralista, aunque si es de plantear oposición lo hacen, con radicalidad, con protestas callejeras, con calificativos propios de la contradicción.

Nosotros, los colombianos, llevamos veinte años de gobiernos de derecha (un periodo de Pastrana, dos de Uribe, dos de Santos), y, por  lo menos las encuestas, están mostrando cansancio por las políticas aplicadas desde esa esquina de concepción de la política, de la vida social, de las relaciones comunitarias, de la economía. La verdad es que parece agotado su discurso reivindicativo; por  lo demás se han agravado los vicios propios de perpetuarse en el poder: una elevad corrupción, una acelerada descomposición moral y ética, una profunda descomposición social, un descuadernamiento gigantesco de las leyes y normas que regulan la convivencia, un desbordado crecimiento de la delincuencia, una proliferación de mecenas peligrosos. Heredamos reformas que ahondan la brecha social entre los que tienen y las posibilidades de quienes no tienen.

Parece que, pese a los discursos disfrazados de peligros que difunden los timoneles del derechismo, con tintes propios de la mejor escuela fascista, entre mentiras y verdades, pierden el interés los colombianos, para buscar nuevos horizontes, nuevas perspectivas. A ello se puede atribuir que un candidato de la izquierda puntee en las encuestas, y que otro, considerado de centro, ocupe el segundo lugar. El primero ha demostrado claramente su tendencia, lo proclama, y la gente se agita a su paso, llena las plazas donde se presenta, recibe respaldo de organizaciones sociales, más que políticas. El otro, sin un discurso claro, lo único claro que ha dicho es que va a subir la edad de jubilación, ha tomado como fundamento de su política la moralidad pública, el manejo honrado de los recursos, y eso le trae sus réditos. La derecha retrocede, el máximo representante de su discurso ha ido cayendo; y los otros tres de su tenor, pese al patrocinio del sacrosanto cacique antioqueño, se han quedado estancados a una considerable distancia.

¿Será que gira el país hacia otra orilla? Parece, según el grito unánime de las encuestas. Y sería bueno que lo hiciera, para desconcentrar el poder de los intocables, de quienes se creen con derecho exclusivo de compartir terraza por los edificios de palacio. Pero de girar, que aprovechen la oportunidad. Que tiren el país hacia adelante. Que dejen para nuestros hijos una nueva sociedad fundamentada en el respeto, la tolerancia, la paz. Que no experimenten ni se conviertan en zanjones de la comunidad internacional. Pero ante todo, que vayan por su periodo de gobierno sin intención de perpetuarse, porque tampoco ellos tienen la razón absoluta. Este es un país que ha costado mucha sangre construirlo, para que venga alguien con ánimo dictadorzuelo a tirárselo.

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