lunes, 15 de octubre de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-05-16 09:22 - Última actualización: 2018-05-16 09:22

Jerusalén de oro

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | mayo 16 de 2018

Por: Jesús Andrés Vargas Gutiérrez

Y de bronce y de luz, como la canción. Es improbable, que exista en el mundo otra ciudad como Jerusalén, con tanta historia, conflicto, guerra y redención. Con tres mil años de historia, ha visto imperios nacer y caer frente a sus murallas, y ha sido denominada ombligo del mundo, ciudad del gran rey, puerta el cielo, entre otros apelativos.

La Jerusalén de las cruzadas, de la guerra santa y la guerra impía, la que duró olvidada por muchos años, el anhelo perpetúo del judío errante y el corazón de la intifada palestina.

Hoy la ciudad de David se debate en el conflicto más conocido del escenario político internacional, la conformación de los estados judío y árabe de la región conocida como palestina para algunos, o la tierra de Israel para otros.

Si el conflicto es por la tierra, y el reconocimiento internacional, Jerusalén es el punto mas neurálgico de este.

De allí que la decisión del presidente estadounidense Donald Trump, de trasladar la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén haya causado un revuelo internacional y una escalada de violencia sólo vista en tiempos de la segunda intifada o levantamiento palestino.

Lo cierto es que Estados Unidos contrarió una resolución expedida por la ONU en 1980 que condenaba la anexión Israelí de Jerusalén Oriental en la milagrosa ofensiva de la guerra de los seis días, previniendo a sus estados miembros, de situar sus embajadas en la ciudad.

Pero a Trump poco le importa la diplomacia, al menos como la conocemos hasta ahora, llena de acciones tibias, e hizo efectiva una ley expedida por el congreso americano hace más de 20 años, la cual reconocía a Jerusalén como capital de su aliado número 1 en el oriente próximo.

Mientras tanto, la crisis tuvo su punto más álgido el pasado fin de semana, los muertos se cuentan por encima de los 40, y el mundo musulmán encontró otra razón más para extirpar de la faz de la tierra, al Estado de Israel.

Al final, Jerusalén permanece como siempre, ecléctica, y sin solución a la vista, ambas nacionalidades, (palestina e israelí) han jurado derramar hasta su última gota de sangre con tal de no perder su más precioso tesoro, no en vano para los musulmanes es la ciudad más santa fuera de Arabia Saudí, y para los judíos, el centro de su vida religiosa, el estrado de Yavé, a donde dirigen sus plegarias todos los días. En el medio, una comunidad cada vez mas escasa de cristianos, que resulta afectada por el conflicto, a pesar de que para ellos, esta ciudad también resulta ser la cuna de su fe.

El estatus de Jerusalén capital, y las guerras que se han librado por quedarse con ella, sin que pueda existir estabilidad en la región, resultan lo más cercano a una profecía en los tiempos modernos.

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