miércoles, 21 de febrero de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-02-07 08:00 - Última actualización: 2018-02-07 08:01

La bancarrota del neocolonialismo

Escrito por: Carlos Tobar
 | febrero 07 de 2018

Quién iba a pensar que, la dominación neocolonial ejercida por los Estados Unidos, sobre buena parte de los países en desarrollo –empezando por el nuestro–, se empezaría a desinflar por acciones del propio gobierno de ese país. Particularmente, por la errática política exterior del gobierno Trump que, con su consigna “America First”, está dinamitando los pilares sobre los que se levantaba la política imperialista que instauró un orden mundial favorable a sus intereses. La sutileza y la filigrana con la que, por décadas, construyó el entramado de normas, instituciones, directrices y acuerdos (FMI, Banco Mundial, OMC, Tratados de Libre Comercio, etc.), sobre los cuales amarró a los países débiles a reglas de juego, ampliamente beneficiosas para sus multinacionales, está siendo violentada por el gobierno Trump que, con su política proteccionista a ultranza, no solo reniega de la globalización que favorece a sus grandes empresas, sino que, debilita sus lazos de dominación con los países en desarrollo e, incluso, con muchos de los países desarrollados, viejos aliados suyos.

Lo que está al orden del día, a causa de las políticas del gobierno norteamericano es una guerra comercial. Que ya empezó, con la imposición de aranceles al acero y a la línea blanca de electrodomésticos, medida que golpea a China, India y Europa en el primer caso y a China, Corea del Sur, Canadá, Europa y México en el segundo. Las guerras comerciales son abiertamente indeseadas para los analistas económicos, porque como cualquier guerra, se sabe cómo comienzan, pero no como terminan.

Esta confrontación, en la interpretación de Trump, es para defender el mercado de trabajo de los Estados Unidos, de los empleos de los obreros y campesinos blancos que conforman el grueso de su electorado, un 30% de la población norteamericana, de la presunta competencia desleal de todos sus socios, sin excepción. Según el presidente, los socios comerciales de los EE.UU., han engañado a su país, quedándose con los empleos de los nacionales estadounidenses. Según su lógica rudimentaria, lo que hay que hacer es devolver los empleos que se llevaron a México –de ahí la retórica xenófoba contra este país–, China, o cualquier otro país tercermundista.

La realidad es bien distinta, lo cierto es que la política de globalización del gran capital financiero, les sirve a los grandes capitales de las grandes multinacionales de las finanzas, la industria, el comercio, la producción de alimentos…, que han afianzado un sistema de exacción sobre los pueblos de los países ricos y pobres, entre otras cosas, envileciendo los ingresos del sector trabajo: salarios, prestaciones sociales, atención en salud, servicios de educación, etc. El problema de desempleo e ingresos decrecientes de los trabajadores blancos, como de todos los trabajadores en el mercado norteamericano, se debe a la política de maximización de utilidades de esas multinacionales que se tomaron el mercado mundial.

La política de Trump, de no dejar ni siquiera disponibles los precarios empleos de los trabajadores de los países en desarrollo, a la vez que torpedea de manera burda, el andamiaje de dominación institucional de la globalización, va a desenmascarar la política ventajista de los imperios, abriendo los ojos de los “condenados de la tierra”.

Neiva, 06 de febrero de 2018

 

 

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