domingo, 19 de noviembre de 2017
Opinión/ Creado el: 2017-09-13 02:02

La igualdad es una injusticia

Escrito por: Froilán Casas
 | septiembre 13 de 2017

El discurso tan manoseado sobre la igualdad es un sofisma de distracción. La igualdad es una injusticia, debe haber igualdad de oportunidades: eso sí es justo. Quien es perseverante, disciplinado, obtendrá óptimos resultados; el vago, el sinvergüenza, el holgazán, debe asumir sus propias consecuencias. Premiar al perezoso es castigar al diligente. La igualdad es un discurso demagógico y barato, lo siguen los mediocres. El libro Santo nos dice que quien no quiere trabajar que no coma; no se refiere a quien no puede, sino al que no quiere. En Colombia se ha alimentado la ociosidad, parece aplicarse permanentemente la política de: pan y circo; traducido en criollo: no importa que se gaste, lo que importa es que indio se divierta. Las ancestrales políticas asistencialistas han formado una cultura del dulce far niente, o sea, el dulce hacer nada de los latinos. Un pueblo no progresa cuando todo lo espera de los demás: no pregunte qué hace el país por usted; pregúntese más bien, qué hace usted por el país. Los japoneses antes los desastre naturales o técnicos no han acudido a los auxilios internacionales; ellos han resuelto sus propios problemas. El país latinoamericano que primero proclamó la independencia, Haití, nunca ha salido del subdesarrollo a pesar de los permanentes auxilios del extranjero: se formó una cultura de esperarlo todo de fuera. Tener actitud de zángano no lleva a la prosperidad. Un marxismo recalentado sobre la igualdad desestimula la productividad. A un universitario que cacareaba  igualdad, se le propuso que la calificación que había obtenido en un área académica con una nota de: 4.8 la compartiera con su compañero que había obtenido: 2.0; entonces rechazó tal propuesta. ¡Qué incoherencia! ¿Por qué no aplicó su discurso en su caso personal? Es tan fácil distribuir los bienes de los otros y quedarme con lo mío. No logra los mismos resultados un estudiante vago y rumbero que un estudiante serio y responsable.  Capitalismo y totalitarismo de Estado son iguales; al final se encuentran las puntas. En los países altamente desarrollados, todo el mundo trabaja. El libro Santo nos dice que cuando las lanzas se vuelvan podaderas y las espadas azadones, entonces llegará la paz. Como decía el profesor Mockus: todos ponen. El Estado en los regímenes totalitarios ha resultado una tiranía, desestimula al hombre trabajador responsable de su labor. No hay nada más nefasto que premiar al impuntual castigando a quienes han llegado a tiempo: esperar a los que llegan tarde es castigar a los puntuales. Hay que premiar el bien no el mal. Los gobiernos deben estimular a los inversionitas; quien invierte en trabajo productico es constructor de paz. El Estado debe velar para que se respeten los derechos de todos: trabajadores y empleadores. El recaudo de impuestos debe traducirse en excelentes vías y excelentes servicios. Un Estado es terrorista cuando en cambio de favorecer el bien común, privilegia a algunos en detrimento de los derechos de todos. La educación debe propender por formar para el trabajo, no formar para el empleo. El Estado debe  apoyar a los emprendedores. La responsabilidad social del Estado y del mundo empresarial, generan prosperidad. 

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