jueves, 13 de diciembre de 2018
Enfoque/ Creado el: 2018-10-15 11:25 - Última actualización: 2018-10-15 11:31

Las caras de la moneda

Algunos deambulan por la calles de la ciudad. Otros son estacionarios. Cada uno de ellos es una historia de vida llena de sueño e ilusiones que esperan algún día poder cumplir.

Fotos: Diego Fernando Herrera García

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 15 de 2018

Diario del Huila, Neiva
Por Diego Fernando Herrera García

Como caballos de tracción animal, que afortunadamente escasean por estos días en la capital bambuquera de Colombia, nos encontramos inmersos en ese eterno retorno que denominamos rutina, ello nos impide ver con detenimiento lo que sucede a nuestros alrededores. Compartimos la ciudad a la que llamamos hogar con diversas personas y muchas veces por el afán del día ignoramos a quienes viven de la caridad y que son parte de la realidad nacional, que esperan y sufren en silencio el destino que la vida les ha propuesto con la esperanza de ver en el nuevo amanecer la mano amiga de quién se apiade de ellos.   

Benjamín López, de 63 años de edad y oriundo de Calarcá – Quindío. Pasa los días deambulando por la ciudad a la espera de que le ayuden con monedas para combatir el hambre en su diario vivir.

En el espesor de la humedad y el sofocante calor que despide el asfalto de nuestra ciudad por estos días, se puede apreciar la delgada figura de Benjamín. Su característico sombrero con el que lidia la inclemencia del sol, le ayuda a hacer más llevadera la hora en la que la mayoría tenemos designado nuestro tiempo para almorzar. Es ahí, cuando los semáforos y sus luces represan con vehículos las calurosas calles de Neiva el momento oportuno para que Benjamín se lance al ruedo a pedir monedas mientras esquiva espejos y reparte bendiciones tanto al que le da, como al que no le da.

La decencia con la que Benjamín pide monedas, es su mejor táctica para lograr la colaboración de los conductores.

No todo ha sido tragedia, tenía un trabajo que aunque no era el ideal, era su sustento y el de su familia, era tipógrafo, pero la constante exposición al thiner le causó un problema en sus pulmones, del cual ya no recuerda el nombre de la patología que le causa dolamas físicos, que aunque son fuertes, no lo son tanto comparado con la ausencia de su único hijo, el cual perdió la vida prestando servicio militar en un enfrentamiento contra la guerrilla. Agotado por los agites de la vida, solo clama para que le ayuden con el subsidio del adulto mayor, el cual le han negado y considera indispensable para su vida.

El conflicto armado desplazó a esta familia oriunda de Barbacoa, Nariño. Se ubican actualmente cerca a un semáforo de la carrera 16 con un cartel que especifica el drama de sus vidas.

Con la menor de sus cinco hijos y a la sombra de un pequeño árbol que se encuentra en el separador de la carrera 16 al norte de Neiva. Dory, ve pasar vehículos de toda índole y mientras a lo lejos los ve venir, se pregunta; ¿quién será la mano amiga que me ayudará? Y se pregunta también si algún día volverá a su tierra natal de la cual fue despojada por la guerrilla y dejando todo lo que poseía.


A sus 22 años de edad, tiene cinco hijos y un esposo el cual se encuentra recién operado de un percance de salud que lo aquejaba.

Extraña todas las noches la vivienda que tenía y la gente que conocía en Barbacoa, nunca se imagino vivir de la caridad pero lo ha aceptado con el orgullo y la fortaleza que caracteriza a las madres colombianas, y sale todos los días a ver cómo le brinda un mejor futuro a sus hijos, los cuales quiere ver estudiando para aportar un grano de arena a la sociedad colombiana. En el momento espera que el municipio le ayude por lo menos con un subsidio de vivienda para darle un techo digno a sus hijos.

Un accidente vial dejo a Gabino Manjarrés sin la pierna izquierda, debieron amputársela y la derecha la tiene prácticamente inservible.

En el Parque Santander del centro de Neiva se rifa su suerte Gabino Manjarrés, quién en un vehículo diseñado y construido por el mismo, pide por medio de un altavoz la colaboración al transeúnte. La sombrilla de colores que lleva a cuestas para resguardarse del sol opita que poco conoce de piedad, le hacen destacar entre las caminatas de las personas que transitan el parque.

Actualmente vive con su esposa y su hija en inmediaciones del barrio las palmas. Perteneció al gremio de los camioneros y fue ahí donde padeció el percance vial que lo dejó en condición de discapacidad. Manejaba un camión y una falla en el motor lo obligó a detenerse y fue ahí cuando una camioneta le chocó por detrás y causó que las llantas le pasaran por encima de sus piernas, su mente se nubló y cuando despertó en el hospital, ya se encontraba la pérdida de su extremidad.


Aunque a diario permanece frente a la gobernación, ha sido completamente ignorado y hoy ruega por una ayuda.

No habla muy fuerte, por ello se apoya en un altavoz para pedir la colaboración, pero denuncia que aunque es obvia su necesidad, la policía lo ha sacado en repetidas ocasiones y se siente mal por ello, pero más aún, ante la mirada indiferente de quienes trabajan donde pueden hacer algo por él y no lo hacen. Recuerda que el único favor político que ha recibido, fue cuando el aspirante a la presidencia Oscar Iván Zuluaga le tendió la mano para saludarle y darle dos mil pesos y que se acordara de votar por él. Hoy desea tener por lo menos acceso al sector salud para él y su familia.


Miguel Ángel, de 33 años y oriundo de Popayán, está recién llegado a Neiva y aunque va de pasada, espera con ansias la colaboración de los opitas para su sustento.

Sentado, taciturno y pensando en lo que será del resto de su día, se pasa las horas Miguel Ángel en el parque Santander. Nació así y aunque desde que tiene uso de razón ha aceptado su vida tal y como se lo ha barajado el destino, nunca se ha tomado la molestia de ir a una entidad de salud para que le aclaren lo que padece. Cree fielmente que ya no importa.

A la sombra de los árboles del Parque Santander, esperan pacientemente Miguel Ángel y su actual Pareja, María Dolores.

Llevan algo más de un año juntos, salieron los dos de Popayán a vivir de la caridad de la gente, pero más que eso, con un meta específica. Conocer lo que más puedan de Colombia. No es fácil para estos aventureros pasar sus días, ya qué, Miguel claramente no puede trabajar y su pareja Dolores, vive para cuidarlo, pues debe ayudarlo en todo lo que implica el diario vivir de una persona que tiene una limitante física tan notoria y a la cual no le han brindado ninguna ayuda.

En Popayán ha ido a diferentes entidades gubernamentales para ver en qué le pueden ayudar, pero las respuestas que ha recibido, más que ser tristes, han sido despectivas, asegura que le han dicho que primero debe ir a estudiar y que ahí sí se busque un trabajo, que está joven para hacerlo.

Historia de la caridad

Estas historias sencillas de gente que depende de la caridad de otras personas para su diario vivir bien sea porque tienen limitaciones físicas, por los achaques de la edad, o el desplazamiento por el conflicto armado. no son sólo una representación de la realidad nacional, son personas que padecen el destino que la vida les ha impuesto y que ultimo recurso tienen es a usted y a mí para que como seres humanos que somos, apoyemos a los que la vida no les ha sonreído en todo su esplendor y qué aún así deciden regalarnos una sonrisa cada vez que les ayudamos.