martes, 01 de diciembre de 2020
Neiva/ Creado el: 2020-11-21 05:21

Los ropavejeros, una oportunidad para ahorrar

Vender las prendas que ya no utiliza es una excelente opción para generar dinero extra mientras que es amigable con el medio ambiente.

El surtido que se puede encontrar en los ropavejeros es muy amplio y los precios inigualables.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 21 de 2020

Diario del Huila, Neiva

La pandemia ha impactado los ingresos de los hogares colombianos. Según Anif, los hogares han perdido una suma equivalente al 2% del PIB en lo que va del 2020. Con tal panorama, muchos están buscando nuevas formas de generar ingresos, una buena opción es vender la ropa, zapatos y accesorios que ya no utiliza o en otros casos comprar ropa de segunda que la encuentra en buenas condiciones.

Se calcula que las mujeres usan solamente el 20% de las prendas de su clóset, lo que significa que existe una oportunidad de negocios al vender el otro 80% para generar ingresos extras, que no están de más en situaciones de incertidumbre.

Además de ser una oportunidad para mejorar sus finanzas, vender artículos usados es una opción sostenible y amigable con el medio ambiente.

Hoy este tipo de negocios se puede encontrar en cualquier punto de la ciudad.

En los años setenta existía el Pasaje Camacho, un lugar tradicional en la época que conectaban a través de cuatro entradas. El lugar, guardadas las proporciones, era todo un centro comercial, pues allí se encontraba desde una aguja hasta repuestos para todo tipo de utensilios, tenían zona de comidas y muchos puntos donde se podía encontrar ropa usada, para comprar o vender.

En los años noventa este espacio se remodeló y todos los negocios que allí funcionaban se esparcieron por diferentes puntos de la ciudad, en su gran mayoría pasaron a ubicarse en el Centro Comercial Popular Los Comuneros, donde hoy usted encuentra los platos típicos, zapaterías, ventas de celulares y los ropavejeros o ‘boutiques’ de ropa usada.

“Pues yo realmente crecí aquí porque mi papá tenía un negocio de ropa vieja. Los ropavejeros en aquel tiempo se encontraban ubicados en el Pasaje Camacho. Luego nos trasladamos aquí a Los Comuneros. De los cinco hermanos yo fui el único que continúe con el oficio de mi padre”, señala Jaime Garzón, un comerciante de este gremio.

“Hoy en día en todas partes de la ciudad hay compraventas de ropa usada, como en el Centro y en muchos otros barrios, pero los de aquí son los pioneros. Hoy en día la informalidad es un medio de sustento para la mayoría de gente. A los vendedores ambulantes hay que reubicarlos bien y darles las garantías correspondientes”, comenta Garzón.

“Acá vienen personas de estrato 2, 3 y hasta 4 porque usted puede conseguir un vestido por 10 mil pesos mientras en otra parte vale 150 mil o 200 mil pesos. Los precios varían de acuerdo al tipo de local donde funcione”, señala.

Garzón dice que le da miedo vender ropa nueva y de contrabando: “yo trabajo con toda clase de ropa usada. Hay gente que prefiere adquirir un pantalón de segunda por 4 mil, que mandar a lavar un pantalón por 5 mil pesos”.

Los locales de ropa usada se proveen de los llamados salderos que van por los barrios, cambiando ropa por recipientes de plástico o negociando por dinero. También de la gente que quiere salir de la ropa vieja que atiborra sus armarios o closets y hasta de ropa de familiares fallecidos.

“Lo más gratificante de mi oficio es cuando me queda ropa: la comparto con los habitantes de calle y con las personas que más lo necesitan, porque la vida ha sido muy buena conmigo y si puedo colaborarle a la gente con mercados o ropa, lo hago”, concluye Garzón.

“Llevo como comerciante de ropa usada 31 años. Yo no sabía que existía este tipo de negocios hasta que una amiga me llevó a trabajar en un local en Bogotá. Al comienzo me pareció terrible porque no era tan organizado, ni tan aseado. Pero cuando monté mi propio negocio le di otra cara al negocio.  Ya no parece de segunda”, señala Nancy Cortés quien también comercia con ropa usada.

Lo que más se vende en estos locales es la ropa de hombres, según Nancy, las mujeres ponen mucho problema al comprar porque todo les parece caro. En estos negocios se puede encontrar ropa de niño desde dos mil pesos (dependiendo de la necesidad de las personas), hasta chaquetas de marca que pueden costar 400 mil pesos y un poco más.

Sobre los prejuicios que tiene la gente de comprar ropa usada, los dos comerciantes concuerdan en que: “antes era como una vergüenza y la gente se asustaba de que la vieran en un negocio como éste. Cuando yo tenía un negocio de ropa usada en un barrio, los vecinos se cuidaban de las habladurías. Ahora es un mercado común: La gente se ahorra mucho dinero, se visten muy bien y es ropa de calidad”.

DESTACADO

Con todos sus beneficios, vender ropa usada por internet es una buena opción, teniendo en cuenta el auge del comercio electrónico. De hecho, ya existen múltiples plataformas que conectan a vendedores y compradores de este tipo de productos.

Comprar ropa usada: un prejuicio que va desapareciendo para bien del planeta

La plaza España en la localidad de Los Mártires, es pionera en la venta de ropa usada. Después del Bogotazo del 9 de abril de 1948, el lugar se deterioró y fue ocupado por ropavejeros y otros comerciantes informales.

RECUADRO

La importancia de la ropa usada

Según la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), realizada en el 2019, la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo. El rubro del vestido utiliza cada año 93.000 millones de metros cúbicos de agua, un volumen suficiente para satisfacer las necesidades de cinco millones de personas.

Asimismo, cada año se tiran al mar medio millón de toneladas de microfibra, lo que equivale a 3 millones de barriles de petróleo. Además, la industria de la moda produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos internacionales, con las consecuencias que ello tiene en el cambio climático y el calentamiento global.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente considera que, si se promoviera un cambio en las formas de consumo mediante medidas como el mejor cuidado de la ropa y los programas de reciclaje y devolución, se podría tener un menor impacto ambiental, y que, con sólo duplicar el tiempo que usamos cada prenda de vestir, podríamos reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero que produce la industria de la moda.

En cualquier caso, para que esto suceda dice la ONU: “los vendedores y los consumidores tendrían que renunciar al modelo de “comprar, usar y desechar”, y reconocer la necesidad de reconvertir el modelo hacia una economía circular ya que, por el bien del planeta, cuando se trata de moda, menos, es más”.