lunes, 16 de septiembre de 2019
Enfoque/ Creado el: 2019-05-20 08:07

Luis Manuel Salamanca, una huella memorable en San Agustín

Quienes tuvieron la oportunidad de compartir el carácter firme de Luis Manuel Salamanca en el municipio de San Agustín, antes de su asesinato el sábado 11 de mayo, mantendrán en la memoria la imagen de un hombre sereno, reflexivo y optimista. Un soñador que jamás perdió el asombro y curiosidad por la mayor pasión de su vida: la cultura megalítica del Alto Magdalena.

Luis Manuel junto a sus hijas Alexandra y Dalila en el municipio de San Agustín.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 20 de 2019

Hugo Mauricio Fernández
Especial para Diario del Huila

Usar la violencia contra un hombre que dedicó su vida al cultivo de la inteligencia, el trabajo honesto y la lucha por los sueños colectivos, es un evento repudiable que aún no terminan de entender los agustinenses.

El sentimiento de orfandad de su familia y quienes reconocían a Lucho como un importante defensor del patrimonio  cultural del sur de Huila, es un dolor al que resisten con la fuerza y el ejemplo ciudadano que el antropólogo supo dar con su existencia. Entre el luto, la incomprensión y el llanto, se espera justicia.

El amor por las piedras

Los ojos dilatados, las sonrisas felinas y las figuras antropozoomorfas de las tallas precolombianas asombraron desde niño la imaginación de Luis Manuel. Desplegar su infancia entre las riquezas arqueológicas suscitó un amor extraordinario por las piedras.

La curiosidad del joven se convirtió en aspiración de conocimiento y espoleado por Luis Duque Gómez, a quien había visto realizar excavaciones en San Agustín, se inscribió en el programa de Antropología de la Universidad Nacional y años después, en 1983 con el diploma oloroso a tinta llegó hasta la oficina de Duque Gómez en el Museo del Oro y le pidió trabajo en su equipo de académicos.

Su pasión por la cultura megalítica del Alto Magdalena lo llevó a ser desde el primer semestre de universidad monitor en la asignatura de Arqueología, donde sus condiscípulos lo llamaban con afecto, ‘Lucho Sanagucho’.

En su vida profesional ocupó cargos y asumió roles como el de formador de guías turísticos, trabajador comunitario, instructor del Sena, fundador de la Casa de la Cultura de San Agustín y Director Científico del Parque Arqueológico del mismo municipio, entre muchos otros oficios como el de boticario, en el que también dejó una huella por su carácter servicial y humanitario, como lo recuerdan algunos vecinos a quienes inyectó en varias ocasiones.

Antropólogo, catedrático y boticario

La historia de su faceta como boticario obedece a que una prima de Floralba Urbano, esposa de Lucho por casi 30 años, le vendió los estantes y medicamentos de una pequeña droguería antes de trasladarse a otra ciudad.

Aunque la experta en el tema farmacéutico era la señora Floralba, pues además de tener formación en Regencia de farmacia ha trabajado muchos años en el área médica, pronto Luis Manuel aprendió lo que su esposa no memorizaba con tanta exactitud, estudiando el libro Vademécum que siempre tenía a la mano en la droguería ante cualquier inquietud de algún paciente. Su sentido altruista de la medicina le daba el talante de acudir hasta las viviendas más remotas de San Agustín para aplicar algún medicamento a un enfermo que no podía movilizarse.

Otro aporte memorable de Luis Manuel a la educación y la cultura del municipio arqueológico fue su intento por implementar en los colegios la cátedra agustiniana. Un proyecto fallido que buscaba inculcar en los jóvenes el interés por el significado y estudio de las esculturas precolombinas.

Fue una estrategia identitaria que no tuvo resonancia entre la burocracia que maneja las políticas públicas de la educación en el departamento de Huila. Un espacio académico necesario que aportaría a construir sentido de pertenencia en las nuevas generaciones de agustinenses.

Un soñador en bicicleta

La imagen de Lucho pedaleando su bicicleta por las calles de San Agustín es una estampa imborrable en la memoria de sus allegados. Aunque durante muchos años se movilizó en la motocicleta que le regaló uno de sus 6 hermanos, luego de que esta se averiara regresó a su antiguo y más preciado medio de transporte.

“A él le gustaba mucho andar en su bicicleta. A veces se iba en ella hasta la finca de mi abuela cuando nos reuníamos los fines de semana. Él vivía pendiente de mis estudios y me recomendaba lecturas. Siempre nos inculcó el amor por el conocimiento y valorar nuestras riquezas culturales”, recuerda con nostalgia Dalila, la menor de las dos hijas de Luis Manuel.

Por su parte, Alexandra, la hija mayor de Luis Manuel, guarda en su memoria aquellas escenas en las que se ve muy niña ensayando canciones y bailando el sanjuanero bajo la tutela de su padre, quien la inscribía en cuanto concurso y reinado infantil se realizaba en el municipio.

Tampoco olvida la relación tan profunda que Luis Manuel tuvo con su nieta y el dolor tan fuerte que representó para él la precoz muerte de la niña por una enfermedad terminal. “La enfermedad de mi hija y su posterior muerte en 2017 por leucemia fue un golpe muy duro para mi papá, pues la niña era su primera y única nieta”.

Plegarias de justicia

Nacido en el municipio de La Plata, hace 64 años, desde los 5 Luis Manuel vivió en San Agustín y siempre estuvo ligado de manera profundo con el legado ancestral. Fue el cuarto hijo de Manuel Antonio Salamanca y Esther Galíndez, provenientes del departamento de Cauca.

Antes de ser asesinado, ejercía como catedrático de la Universidad Corhuila en Pitalito y estaba realizando unas excavaciones en el parque arqueológico de Isnos. Los casos de asesinatos por sicariato en San Agustín y el sur de Huila son una constante que afecta la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos. Mientras tanto, sus familiares y amigos hacen plegarias de justicia para que salga a la luz pública la verdad en este crimen que turba el aire plácido del sur.