jueves, 22 de agosto de 2019
Especiales/ Creado el: 2019-03-02 10:26 - Última actualización: 2019-03-02 04:52

“Me enamore de mi profesión y de la institución”

Marina del Pilar Rojas, es una de las mujeres que a través de su profesión ejerce una vocación de servicio por su institución y la patria.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 02 de 2019

El Ejército Nacional de Colombia, es una institución que a través de los años ha sido representada por hombres. En el año 1976, se incorporó por primera vez a la mujer dentro de las filas, fueron incorporadas con su profesión y pertenecieron al cuerpo administrativo, estaba destinada para que se les sirvieran a la fuerza desde su carrera profesional. En 1983, ingresaron las primeras suboficiales a dicha fuerza armada; ellas desempeñarían funciones desde el área técnica, y sólo hasta el 2009  ingresaron las primeras mujeres de línea (de armas).

En el mes de la mujer, el Diario del Huila exalta a las mujeres que día a día son heroínas de la patria.

Labor de una mujer militar

La capitán de la Novena Brigada, Marina del Pilar Rojas Camargo, es una Enfermera Profesional, especialista en Epidemiologia, magister en Salud Pública, ella ejerce su labor con mucho profesionalismo y amor por la patria.

Durante el último año,  ha atendido cuatro brotes epidemiológicos presentados en el territorio huilense, en los que se ha hecho frente a patologías como meningitis, varicela, salmonella y dengue, realizando la estimación cuantitativa de la magnitud del problema en salud pública, la determinación en la distribución geográfica de la patología.

Logró identificar los brotes y epidemias en la población militar, conociendo la historia natural de la enfermedad y evaluando las medidas de control y prevención. Durante el estudio epidemiológico de los cuatro brotes, planteó y comprobó hipótesis, facilitando el análisis e interpretación de datos de salud necesarios para  la planificación, implementación y evaluación de políticas de salud pública.

Ingreso a la fuerza militar

Rojas, quería poner su profesión al servicio de los hombres que día a día desarrollan la misión institucional en el área de combate, para cuidarlos, sanar sus heridas y servirle de apoyo.

“Tuve la oportunidad de trabajar cuatro años desempeñando mis funciones como Enfermera Profesional en la ciudad de Ibagué, trabajé como civil al servicio de la fuerza. Ahí fue cuando me enamoré de la institución y conocí a fondo la labor que desempeña una mujer en el Ejército Nacional”, recordó.

Día a día

Todos los días se levanta a las 4:30 a.m., para salir a trotar desde las 5:00 hasta las 6:00 a.m. Luego, ingresa a trabajar en el dispensario a las 7:00 a.m, y termina sus labores a las 8:00 p.m desarrollando sus funciones como subdirectora científica, donde cumple con todas sus labores de profesional asistencial que les sirve a los 27.000 usuarios adscritos al subsistema de las fuerzas militares en el departamento del Huila.

Anécdotas

Una de las anécdotas que más recuerda la Capitán Rojas, fue en el año 2017, cuando pudo conformar el Grupo de Oficiales de Sanidad que apoyó la tragedia ocurrida en el municipio de Mocoa-Putumayo.

“Yo me encontraba trabajando en la Dirección de Sanidad en Bogotá y estaba a cargo mi General López, él vio la necesidad de ir apoyar a todas la víctimas de la tragedia natural en Mocoa y ordenó que un grupo de oficiales de sanidad nos dirigiéramos inmediatamente hacia Mocoa para poner un hospital móvil de sanidad en campaña y pudiéramos prestar atención de primer nivel a toda la población militar. Ese mismo día viajamos en un vuelo de apoyo, más o menos de seis personas en la que íbamos médicos, enfermeras y auxiliares de enfermería para brindar esa atención en salud”, sostuvo.

Ella recuerda que cuando estaban dirigiéndose hacia Mocoa sintieron el olor a cadáver, porque había muchos cuerpos sepultados y ese día estaba haciendo mucho sol.

“Inmediatamente cuando descendimos del carro, de una vez montamos nuestro hospital de campaña, que era una carpa, nos distribuimos nuestras funciones y empezamos a atender a toda la población civil, hicimos muchas curaciones, canalizamos a los pacientes que estaban deshidratados. Luego fuimos por toda la ciudad repartiendo comida, víveres y recogiendo las personas que estaban muy enfermas, llevándolas a nuestro hospital móvil para brindarles la atención médica”, contó.

Marina del Pilar al presenciar la magnitud de la tragedia sintió mucho dolor, impotencia, pero también un deseo de apoyar y servir a los niños que estaban muy enfermos.  Fue ahí, cuando María del Pilar pudo experimentar la labor de su profesión en servicio a la patria.

Durante los 20 días que estuvo apoyando la tragedia de Mocoa, hubo algo que la hizo sentir feliz, a pesar de ver muchas personas heridas, fallecidas y personas desconsoladas por haberlo perdido todo.

“Al transcurrir los días, más o menos una semana y media, recuerdo mucho a un niño que había perdido en la tragedia a sus padres. El niño tenía aproximadamente 10 años. Nos relataba como él había salido de su casa y había visto como la avalancha se llevaba a su mamá y papá. Durante 10 días, él estuvo con nosotros, estuvimos cuidándolo y sacándole una sonrisa y cómo un abrazo le reconfortaba el corazón. El niño se sentía protegido de la tragedia que estaba viviendo, eso alimentaba a nuestro corazón, personalmente me alimento el alma  poder ver a ese niño sonreír”, aseguró.

Rol de la mujer militar

“Nosotras como mujeres siempre debemos conservar nuestra feminidad, somos fuertes, decididas, tenemos nuestro rol totalmente definido dentro de nuestro desempeño como mujeres militares y puntualmente, desde mi caso, como profesional y oficial de sanidad. Nosotras estamos acá, no para estar ni delante, ni detrás de los hombres, en una institución que en su gran mayoría está conformada por hombres, estamos para trabajar de la mano. Cuando se unen esas dos fuerzas el resultado se optimiza, nos damos cuenta que los resultados son mejores y se genera eficiencia en la fuerza militar”, afirmó.

Agregó que “todas las fuerzas militares que conoce y que reconoce la fuerza, el desempeño y el papel que tenemos la mujer dentro de la institución, le permite identificar a la sociedad, el valor y el respeto que merecer una mujer. Jamás me he sentido irrespetada por un hombre dentro de la fuerza, al contrario, me he sentido protegida por mis superiores, por mis iguales y por mis subalternos,  respetada por mi grado, profesión y respetada por mi rol como mujer”.

Para la Capitán Rojas, es un honor y un orgullo ser mujer militar, para poder servir al Ejército y a la patria con su profesión.

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