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viernes, 21 de julio de 2017
 
OPINIÓN/ 2017-01-11 09:02

El desarrollo es el nuevo nombre de la paz

Froilán Casas

Escrito por: Froilán Casas
 | enero 11 de 2017

Esta frase no es mía, la tomo del discurso del papa Pablo VI pronunciado en Bogotá en  1968. No cabe duda que el tema de la paz ha sido recurrente a lo largo de la historia. Infortunadamente el hombre ha sido violento toda la vida. En Colombia, la hermosa palabra paz, ha entrado en etapa inflacionaria: ha perdido su valor. Siendo la paz un anhelo de todos los tiempos, se ha sesgado reduciéndola al campo político y  partidista. A mí me molesta, en particular, tanto  discurso, tantas marchas, tantos símbolos y, a la par, tanta agresividad en las propuestas de paz. La paz debe ser una propuesta permanente que desarme los corazones y lleve a una cultura de respeto por las diferencias. En el pensamiento bíblico, la paz es fruto de la justicia. Mientras haya injusticia no habrá paz. Sin la justicia nos quedamos en buenos deseos y de buenos deseos está lleno el infierno. Cuando en Colombia se supere la corrupción, podremos decir que viviremos en paz. Este cáncer que padece el mundo y de modo especial nuestra patria, ha llegado a la escalofriante cifra de tener en el año 2015 veintiún billones de robos al erario de todos los colombianos; en el año 2016, la suma de veintidós billones de robos al Estado. Antes que reformas tributarias, necesitamos que se maneje con racionalidad y se optimice la ejecución de los presupuestos. Sin corrupción tendríamos buenos servicios en  salud,  educación, vías en excelente estado y, en general todo lo que redunde en beneficio común. Esa sí es la verdadera paz. Lo demás es retórica barata. Un pueblo desarrollado integralmente, saboreará la paz. Si usted no paga el salario legal y a tiempo, usted es constructor de violencia; si usted, invade el espacio público, usted es constructor de violencia; si usted estaciona su vehículo  en lugar prohibido, usted es constructor de violencia; si usted no devuelve lo prestado, usted es constructor de violencia; si usted es un zángano que no trabaja, usted es constructor de violencia; si usted no paga los impuestos, usted es constructor de violencia; si usted atraca a sus clientes en los negocios, usted es constructor de violencia; si usted es asqueroso en su oficina o dependencia y no atiende bien al ciudadano, usted es constructor de violencia. El Estado es terrorista y constructor de violencia  cuando no atiende a los ciudadanos. Que los gobiernos no nos vendan más la hermosa palabra paz, si al interior del mismo hay despilfarro, engaño, mentira y se pisotean los derechos del ciudadano, especialmente del indefenso. No nos cansen más con la paz, si el desempleo sigue galopante; si se sigue subsidiando la mendicidad -generando una cultura parásitos- y no subsidiando la productividad en donde todos sean sujetos de su propio desarrollo. Con sueldos desproporcionados no habrá paz. Es inaceptable que un colombiano se gane treinta y dos millones de pesos mensuales y otro, a duras penas, se gane un salario mínimo. Mientras no haya igualdad en la ley en donde lo aumentos salariales sean regulados con equidad, no habrá paz. No más palabras, hechos.