jueves, 15 de noviembre de 2018
Opinión/ Creado el: 2016-01-16 04:59

Emiro Garzón y la caminante

Amadeo Gonzalez Triviño

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 16 de 2016

Hace varios años, el maestro EMIRO GARZON CORREA, al hacer público su deseo de emigrar hacia otras tierras y seguir construyendo su arte, su forma de vida y su libertad por la creación estética, se propuso dejar una huella, una obra, que constituyera el testamento de su amor a la tierra, a nuestro terruño y fue así, como ideo lo que hoy es la escultura gigante a LA CAMINANTE, a la mujer garzoneña, a la mujer luchadora, homenaje por siempre, a la mujer.

Esta obra se ha venido difundiendo y dando a conocer, siempre como una posibilidad de legado del maestro que buscó afanosamente durante todo este tiempo, el apoyo económico y el patrocinio para la misma, y con muchas dificultades para su realización. Contraponiéndose incluso el desgano propio de nuestras gentes, parece que llega a su fin, parece que culmina con un dejo de nostalgia y de tristeza, por no haber despertado las simpatías y el apoyo, como era de esperarse.

Y será precisamente en el 233 aniversario de la creación del Municipio de Garzón, cuando la obra del maestro EMIRO GARZON CORREA, dedicada a la CAMINANTE, ha de ser entronizadas en la glorieta sur del Municipio de Garzón, para que todos los visitantes y quienes transitan por la Avenida Circunvalar, puedan degustar, desde un primer momento, una segunda obra pública en ésta ciudad del Maestro EMIRO GARZON.

Pues, en la glorieta que queda frente a la cárcel de ésta ciudad, en la zona de Aguazul, desde hace varios años se encuentra el monumento a LOS GARZONES. Ahora, en la misma dirección y más hacia el Norte, pero siempre en el sur de nuestro pueblo, vamos a poder apreciar y valorar ésta su segunda obra dedicada a LA CAMINANTE.

Esperamos que la idea de seguir en su trasegar hacia otras conquistas, por parte del Maestro, no se haga realidad muy pronto, que se quede entre nosotros dejando poder contar entre el gusto estético y la espiritualidad de los dioses que nos acompañan a este obrero, que como otro Dios, desde las entrañas de nuestra violencia ha logrado traspasar las fronteras de la indiferencia, que ha soñado con la libertad de un pueblo reducido a su propia impotencia por las ambiciones de poder y que se niega a resurgir de su ignorancia y de su esclavitud, para reclamar los dones de la vida y la gracia de un destino mucho mejor, al que actualmente se nos brinda.

Es que la obra de EMIRO GARZON CORREA, en los últimos tiempos, es una voz de alerta contra la soledad que nos aprisiona, es una voz que nos convoca a romper las cadenas de la opresión y que como un colono que busca otras tierras, sigue en su lucha diaria y permanente por encontrar un punto de equilibrio entre la libertad y la paz, entre los sueños y la realidad, entre lo conquistado y lo inconquistable, entre el amor y la muerte. Es esa búsqueda que se codea entre el vaivén del dolor y de la felicidad y allí, el maestro EMIRO GARZON, nos da una lección que debemos saber leer y vivir.