miércoles, 24 de abril de 2019
Regional/ Creado el: 2015-12-21 06:39

La odisea de los pescadores del Puerto de las Damas en Neiva

Parece que los piscicultores y pescadores de Betania no son los únicos que sufren las inclemencias y afectaciones que, posiblemente, son generadas por los grandes proyectos hidroeléctricos como El Quimbo. Un pequeño grupo de pescadores de Neiva asentados en el Puerto de las Damas, ya no soporta más los drásticos cambios en su actividad productiva.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 21 de 2015

Juan de la Cruz Bravo y Chichigua, como llaman comúnmente a Víctor Humberto Perdomo, son dos pescadores neivanos con más de cuarenta años en el oficio de la pesca artesanal. Casi todos los días llegan al Puerto de las Damas, uno de los puntos estratégicos que hacen parte del malecón turístico del río Magdalena en la capital del Huila. Llegan pero ya de manera rutinaria, salen con sus atarrayas vacías y sus embarcaciones limpias, pues no hay pescado o sencillamente, aparece muerto.

Ambos se suman a los cientos de pescadores del Huila que de manera artesanal intentan subsistir de una actividad productiva que desde hace cerca de siete años cambió lentamente para convertirse en otra cosa: ventas ambulantes, ganadería, cultivos agrícolas, entre otras. Chichigua, por ejemplo, cambió su atarraya por una venta de empanadas que difícilmente le da para pagar un arriendo con el que logra vivir junto a su familia.

La Asociación de Pescadores de Neiva alberga cincuenta y siete de estas personas asentadas en la capital del Huila. De la forma como ellos se organizan, también lo están los demás pescadores del departamento que al unísono reclaman que se les reconozcan sus derechos por las afectaciones generadas por el proyecto hidroeléctrico El Quimbo. Por esa misma razón, Juan de la Cruz y Víctor Humberto manifestaron que desde hace un año llevan un proceso que busca que los derechos colectivos de ellos y sus compañeros se hagan valer, pero además, una forma de que las pérdidas y cambios en su actividad productiva por las afectaciones a la piscicultura en el departamento, les sean compensadas.

 

La pesca se fue acabando

“Estas afectaciones las empezamos a sentir desde hace ya cinco años, la pesca se fue acabando en la represa de Betania que nosotros frecuentamos y ya nosotros empezamos a ver que no cogíamos ni para comer. Es vergonzoso, cuando ya se viene uno hacia el río es peor. Lo que es agua ya no hay, y tampoco hay pescado. La verdad es que no es como muchos dicen que ‘es que hay harta agua en la represa, ¿cómo no van a coger pescado ahí’?, pero hay gente que no sabe de eso. Sí, puede haber agua, pero no hay pescado”, dijo Juan de la Cruz.

Ambos narran que la carnetización para la cual tuvieron que hacer engorrosos trámites, tampoco les ha servido mucho en tiempos de crisis actuales, pues cuando acuden a las autoridades pertinentes es poco el resultado que obtienen.

“A nosotros nos pidieron una cantidad de papeles para saber si éramos pescadores naturales, hemos pasado todo eso, nos preguntamos también de qué ha servido todo eso. Nosotros no tenemos de dónde partir nuevamente porque estamos muy endeudados, llevamos más de 40 años pescando, algunos pagamos arriendo y nos ha tocado hacer otro tipo de actividades para subsistir”, expresó Víctor. “Yo trabajo con las balleneras, sufro de la cabeza y nadie me da trabajo. Tengo el valor y las fuerzas para trabajar, pero no puedo y además, tampoco hay pescado”, insistió Juan de la Cruz.

 

Agua “espesa y demasiado contaminada”

Los pescadores también aseguran, más allá de los cambios en su actividad productiva, que el agua que baja por el caudal se torna “espesa y demasiado contaminada”, una percepción generalizada no solo por ellos, sino por otros pescadores de la región en el lapso de los últimos cinco años. “Todo esto sí que es cierto, con la hidroeléctrica el río se perdió, las piedras ahora quedaron blancas y lo que era el comedero del pescado, o sea las orillas del río, eso crecía y cuando mermaba quedaba blanco como si le hubieran echado cal o cemento a esa vaina. Eso nadie lo ha visto ni lo ve, el agua que baja, solo nosotros los pescadores lo vemos; baja como espesa, no como antes que llegaba limpia, menos afectada”, dijo Juan de la Cruz.

Pero las afectaciones sufridas por los pescadores de Neiva y el Huila tienen explicaciones entendibles a la luz de la biología y la ciencia. El profesor Santiago Duque, coordinador del Grupo de Limnología Amazónica de la Universidad Nacional, ya había expresado que con el llenado de El Quimbo se presentarían diferentes impactos, uno de ellos la presencia de cianobacterias que afectarían la calidad del agua.

La preocupación de su presencia, advertía el experto, es que las aguas que saldrían de Betania hacia el río Magdalena serían de mala calidad, lo que podría afectar a las poblaciones locales y ribereñas que consuman directamente agua del río, así como la calidad del producto pesquero y piscícola del mismo y del embalse.

 

El pescado aparecía muerto

Juan de la Cruz y Víctor manifiestan que definitivamente, la crisis más aguda comenzó hace unos meses, cuando el nivel del caudal empezó a reducirse y por otro lado, ya no existía pescado o aparecía muerto, esto último principalmente en zonas como Puerto Seco en Hobo y otras de municipios como Garzón y Gigante.

Recientemente, luego de que Emgesa apagó las turbinas de la represa El Quimbo, Lucio Rubio Díaz, director de la compañía, manifestó que luego de que comenzó el llenado el pasado 16 de noviembre, las aguas del Magdalena no han sufrido ningún tipo de contaminación y la calidad del agua en el río Magdalena se mantienen, por lo que no ha existido mortalidad de peces.

Al respecto, Juan Manuel Gutiérrez, gerente general de la Asociación de Piscicultores Huilenses Apishuila, dio su punto de vista desde el ámbito de la piscicultura y contrario a lo que la cabeza visible de Emgesa dijo, aseguró que “al hacer un sondeo con nuestros afiliados, la realidad es totalmente contraria a lo afirmado por el señor Rubio, lo reportado es que en promedio, hay pérdidas por mortalidad en siembras del 70% y en producción de un 40%”.

Juan de la Cruz y Víctor Humberto acudieron a instancias judiciales para exigirle a la compañía Emgesa una indemnización por los perjuicios causados a su actividad productiva, la pesca; y de esta forma, emprender nuevas actividades que le redunden en una mejor calidad de vida. El proceso lleva su curso hace un año aunque aún no han obtenido respuesta alguna que les permita definir su situación.