sábado, 31 de octubre de 2020
Regional/ Creado el: 2020-10-17 09:53

Un mes después, Suaza se recupera lentamente de la avalancha

Las ayudas que han recibido del Gobierno Departamental son insuficientes debido a la gran magnitud del desastre natural, indicó el alcalde de Suaza, Moisés Ortiz Alarcón. La comunidad expresó que tienen necesidades las cuales deben ser atendidas de inmediato como la falta de agua potable.

El alcalde de Suaza mostró a Diario del Huila la magnitud de la avalancha.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 17 de 2020

Linda Vargas

La tragedia en Suaza pudo haber sido peor. Cada 20 años, según sus habitantes, se registra una avalancha en esta localidad. Esta vez dejó a tres personas fallecidas, el saldo fue menor con respecto a la gran magnitud del fenómeno natural. Sin embargo, muchas familias perdieron su techo y sus cultivos, y quedaron a la deriva, esperando a que el Gobierno Departamental llegue con ayudas para reubicarlos debido a que lo perdieron todo.

Poco a poco y con las ‘uñas’, Suaza se recupera del desastroso panorama que dejó el paso de la avalancha ocurrida el pasado 4 de septiembre de 2020. Aunque pasarán años para que este municipio, reconocido por el sombrero suaceño, vuelva a ser el mismo. La resiliencia de su gente será el motor fundamental para volver a construir lo que el lodo destruyó y se llevó.

Ya ha pasado más de un mes desde que ocurrió el desastre natural y los suaceños siguen en medio del lodo. Aunque el Gobierno Departamental atendió la emergencia, enviando dos volquetas y cuatro retroexcavadoras, el acalde de Suaza, Moisés Ortiz Alarcón, expresó a DIARIO DEL HUILA que dichas ayudas no son suficientes, porque la avalancha afectó el 90 por ciento del municipio.

“Tenemos que dragar el río Suaza en más de 12 kilómetros para que vuelva a tener su cauce, y cientos de kilómetros de vías están tapadas. Ahora nos preocupa la nueva emergencia en nuestro centro poblado de Gallardo, que tiene una afectación de casi el 100 por ciento”, detalló el mandatario.

Y es que la furia de la naturaleza dejó como evidencia las afectaciones en 35 de las 48 veredas del municipio. “Hubo afectaciones en más de 15 viviendas, pérdida de la bancada de muchas vías, pérdida de beneficiaderos; se perdieron más de 10 alcantarillas y puentes”, precisó.

El municipio ha tenido que vivir y enfrentar la pandemia por la covid-19 y la pasada avalancha; sin embargo, ahora están preocupados por dos quebradas que, aunque a simple vista son inofensivas, pueden generar una nueva emergencia como la ocurrida.

“Uno no duerme cuando empieza a llover, porque tenemos una gran preocupación en la quebrada la Satía que atraviesa el casco urbano de nuestro municipio y por la quebrada Emayá; porque son dos afluentes que no han aumentado su caudal en esta emergencia. Aspiramos que los organismos de socorro estén muy alertas”, contó el alcalde.

A raíz del desastre natural, muchas de las veredas que registraron afectaciones quedaron sin el acueducto artesanal con el que se abastecían de agua potable; ahora es imposible que las 1.600 familias acudan a las quebradas, debido a que estas todavía tienen lodo.

“Acá no hay acueducto, la gente empíricamente tenía unos acueductos artesanales y la emergencia se los ha destruido, y muchas de las fuentes hídricas están vueltas hecho lodo. Por eso, la comunidad no tiene agua potable”, dijo el alcalde.

Según el mandatario las pérdidas económicas son incalculables. Ortiz Alarcón indicó que, solo basta con fijar la mirada en el parque cafetero, en donde hectáreas de cultivos de café fueron sepultados y arrastrados por el lodo cuando a mediados de este mes se esperaba cosechar el grano. “Son miles de millones que se han perdido en nuestro municipio en el marco de esta emergencia, por la creciente súbita de casi, en su gran mayoría, de las fuentes hídricas”.

“No tenemos agua”


Luz Stella Córdoba, de 58 años, ese día se levantó a las 4 de la mañana para abastecerse de agua, mientras realizaba dichas labores, escuchó como las rocas chocaban fuertemente, incluso sintió como temblaba su casa. De inmediato fue hasta las habitaciones donde estaban durmiendo sus hijos, los levanta y salen apresuradamente hasta una loma que queda detrás de la humilde morada con el objetivo de resguardarse de la creciente.

Ellos, desde la loma divisaban como la furia de la naturaleza arrasaba con cultivos y casas. Afortunadamente la vivienda de Luz Stella no tuvo afectaciones, pero sí perdió una hectárea de pancoger.

Desde que se registró la emergencia no tienen agua potable. Ante dicha necesidad del líquido vital, esta familia tuvo que tomar agua lluvia y lavar la ropa en la quebrada, pero en cuestión de días se enfermaron.

“Yo le pido al gobernador que venga porque estamos sin agua, y que nos esté poniendo cuidado ya que quedamos en zona de riesgo. Cada vez que llueve, nos da mucho miedo, le pedimos una colaboración”.

Un dolor de cabeza las vías


Andrés Hincapié, residente de la vereda El Vergel, relató que, a las nueve de la noche del día anterior de la tragedia, comenzó a llover fuerte. Su finca, de cinco hectáreas, está ubicada en la parte alta, por tal motivo la creciente no arrastró sus cultivos, pero sí se presentaron 11 derrumbes allí. “Esto pasa cada 20 años, pero esta vez nos tocó y está difícil la situación”.

Él, como muchos otros de sus vecinos, le ha tocado lidiar con el mal estado de la vía, ya que aún hay bastante lodo que le dificulta transitar su café, de tal manera que tiene que sacar la producción a caballo y atravesando la quebrada, arriesgándose a que se presente un derrumbe.

“Pedirle al señor gobernador que venga y se dé cuenta cómo está viviendo la gente. No es lo mismo que alguien vea a través de una foto. Venga y mire la situación en realidad”.

“Esta vez fue de película” 


Edwin Andrés Olaya, residente de la vereda El Vergel, narró los momentos previos a la avalancha: “Ese día fue muy trágico, porque aparte de que llovió mucho esa noche, al otro día que amanecimos, comenzamos a ver los derrumbes, las quebradas estaban muy crecidas, la gente corría. Según lo que cuentan, esto había sucedido antes, pero no así; esta vez fue muy de película”.

Olaya, al ver el panorama desastroso, sintió mucha tristeza e impotencia, porque “tanto trabajo que uno invierte para que de la noche a la mañana todo se pierda en un instante”.

Hizo un llamado al Gobierno Departamental para intervención de las vías, debido a que estas continúan en mal estado después de la avalancha. “Ojalá los entes del Gobierno se pongan la mano en el corazón para que nos ayuden”,