martes, 11 de agosto de 2020
Opinión/ Creado el: 2020-07-20 10:13

Una esperanza de justicia

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 20 de 2020

Por: Darwin Méndez Losada

Buscando una buena película de entretenimiento en estos días de cuarentena, me encontré por internet, en una de las plataformas en línea de contenido audiovisual, con un documental interesante e inquietante: “El silencio de los otros”.  Una película que se exhibió en el año 2018, dirigida por Almudena Carracedo y Robert Bahar y la producción de Pedro Almodóvar.  Este documental que se rodó durante 6 años, y tiene un estilo directo e intimista, acompaña a víctimas y supervivientes del régimen franquista, involucrados en la famosa “Querella Argentina”, que se inició el 14 de abril del 2010 en los tribunales de justicia de Argentina, buscando investigar los crímenes cometidos por los integrantes del franquismo y llevarlos a la justicia, ante el blindaje jurídico de España para condenarlos.  Un relato que conmueve por las crudas historias que narran los propios protagonistas y porque que se sienten tan cercanas a nuestra realidad colombiana. 

Ante todo, es increíble creer que un país europeo en plena edad contemporánea haya vivido con una dictadura de casi 40 años, carcomida por la corrupción y por crímenes de lesa humanidad, con la venia de las grandes potencias mundiales y sostenida por la excusa, de todas las dictaduras de derecha, que estos regímenes eran necesarios para evitar el comunismo.  Un discurso que se extendió por Latinoamérica y el Caribe y que justificó, con el apoyo de los Estados Unidos, las dictaduras más sangrientas en la historia de la región: Batista en Cuba (1952-1959), Videla en Argentina (1976-1981), Pinochet en Chile (1974-1990), Bordaberry en Uruguay (1973-1976), Banzer en Bolivia (1971-1978), Strossner en Paraguay (1954-1989), Noriega en Panamá (1983-1989), entre muchos otros, que llevaron a sus países a sufrir la opresión, cargada de violaciones de derechos humanos, paramilitarismo, restricción de la libertad de prensa, presos políticos y represión de las libertades individuales.  ¿En dónde estaban estas potencias, de doble moral, para reclamar la democracia? A ninguna de las anteriores dictaduras les hicieron bloqueos económicos ni sanciones internacionales.  Por el contrario, recibieron apoyo para su sostenimiento.

Volviendo al documental “El silencio de los otros”, los protagonistas, víctimas del franquismo, tan solo buscan justicia: que los causantes de asesinatos, desapariciones y torturas paguen por sus actos. Justicia que permita cerrar un ciclo de dolor y miedo.  Pero tristemente, se han encontrado con la hostilidad del estamento jurídico español, que con el discurso del perdón y olvido han bloqueado todo proceso de hallar esa posibilidad.  De allí, la necesidad de las víctimas de acudir a instancias internacionales, que permita judicializar a estas personas.  Una de las protagonistas afirma que España está llena de fosas comunes y que ella, al igual que otras familias, tan solo pretende encontrar los restos de sus seres queridos para darles una sepultura decente.

Esta triste realidad española se asemeja a la nuestra: un clamor de justicia de las víctimas del innombrable o como se le conoce ahora “el matarife”.  Que pague por los crímenes por los que se le investiga, muchos considerados de lesa humanidad.  Y, aunque pareciera que escuchar este clamor se hace imposible, por el miedo y la desidia de la justicia colombiana, aún existe la esperanza de que sean las instancias internacionales las que lo judicialicen, y no solo a él sino también a sus cómplices. Es absurdo, porque con el cuento de acabar con la guerrilla y evitar el comunismo, hizo del país una dictadura camuflada: opresiones, violaciones de derechos humanos, paramilitarismo, restricción de libertad de prensa, desapariciones extrajudiciales, seguimientos ilegales, entre otras prácticas.  Y así como sus seguidores buscan que se judicialice a los guerrilleros, causantes también de crímenes, de igual manera se debe castigar a su mesiánico líder, máxime cuando él representa la institucionalidad.  Realmente, solo cuando todos los involucrados en el conflicto colombiano paguen por sus faltas, se podrá hablar de perdón y olvido.